19.4.10

Día 7. Último día, todo concluye al fin.

Sin concluir la canción que es inevitable que sigamos en nuestra cabeza después de leer el titulo, proseguiré a relatar el último día de nuestra epopeya veraniega. Es que ya el verano quedó muy atrás, pasaron días, meses y esto no se terminaba de relatar. Pero no soy de defraudar a los lectores, así que aunque nadie le importe, termino con esto.
Igual, sus expectativas son medio al pedo. Mucho no queda por contar. Tengan en cuenta que este último día fue principalmente la vuelta. Y la vuelta era temprano, por eso las caras al despertarnos, no eran de “pocos amigos”, eran, mas bien, de “paso todos mis cumpleaños comiendo pizza de delíveri viendo a Mirta”, principalmente Kuro nos mostró una faceta mas de su personalidad además de la “soy la persona mas querible del mundo” y “te puedo hacer cagar en las patas solo con palabras” y nos demostraba que su estado anímico era para tenerle respeto. Con esto no quiero no asumir cuestiones que me hacen protagonista. ¿Qué digo con esto? Ahora les relato ¡Impacientes!
La primer actividad en el día era la de desarmar las carpas y ordenar todo. No es fácil destruir, en pocas horas, lo que habíamos logrado transformar en nuestro “hogar” la última semana. Había que ordenar mucho, evitar perder nada y hasta gravar un último, y quizás más flashero, video de nomamesguay. Entre todas esas cosas, yo tenía que guardar mi bolsa de dormir. Claro parece una tarea fácil, todos los que se acercaban a “ayudarme” decían los mismo. “No tenés campamento pibe” repetían todos burlándose. Era cierto, mi experiencia acampamentil (esperen, que la RAE me llama para pedirme esta palabra para el diccionario) era muy escasa, pero lo escaso que había tenido era con esa bolsa de dormir, sabiendo que era un reverendo quilombo enrollarla. Y así que, tres personas, varios intentos, y una furia animal crecida dentro de mí, fueron necesarios para lograr meter esa puta bolsa de dormir en la bolsita esa de mierda. Teníamos todo listo. Un verde claro estaba en donde antes existía un lugar de risas, pelotudeo, partidas de truco y ricas meriendas. Pero todo se tiene que dejar atrás, o uno llora como un pelotudo y es tildado de “puto llorón” por el resto. Había bastante tiempo antes de la partida del micro, perfecta excusa para tomar los últimos mates con nuestros amigos de la proveeduría. En estos mates, quizás un poco más desanimados por el mal humor mañanero y la tristeza de la despedida, terminamos nuestras charlas, grabamos un video careta bien necesario y me tomaron a mí de chivo expiatorio.
Peeeeero nada es infinito y el tiempo tampoco. Por mas que el momento era muy digno de una despedida, no hay tal cosa como un buen final. Mientras mas “bueno”, mas ganas de quedarte hay y, si bien me podría quedar a vivir un tiempo mas, Buenos Aires nos esperaba con su calor y su rutina. Ni bien el termo se vació la hora de los remises (y los remises, porque medio que la hora era sólo un concepto medio al pedo, sin los vehículos correspondientes) había llegado. Dejar el “camping del fuerte” atrás, y, principalmente, a su guardián negro, peludo y fiel: Roque, no era nada fácil. Un “chau” era insuficiente para ese lago, ese chorro y ese cerro.
Por suerte llegábamos a la terminal. Ya lo leyeron al principio. La terminal ayuda a dejar todo atrás. Lo feamente ubicada que está, mas el calor y la sed que teníamos generaba la sensación ideal para querer irnos a la mierda(o Buenos Aires, como sea). Si solo relato, lo difícil y deprimente, que fue mi búsqueda de un puto quiosquito en los alrededores, al momento de comprar una bebida, ya saca toda la melosidad del “relato despedida” y comprende la necesidad de una vuelta. Por suerte la espera no fue grave, el micro llego a horario y pudimos, cómodamente, subir nosotros y las cosas a él.
No voy a mentir, estábamos hechos mierda. Ya no dábamos más. La vuelta fue poco glamorosa, y mucho menso molesta (para el resto) que la ida. Incluso con Mati adentro esta vez, que resistió, no se como, la tentación de hacer el nomamesguay frente a muchos desconocidos. Supongo que uno no puede predecir a la gente con solo conocerla una semana, y tenía mas sentido del ridículo del que apostaba. Algunos dormimos, otros leímos y otros charlamos, yo, como habrán deducido por la composición gramatical de la frase anterior, hice todo eso. Pero lo interesante del viaje fue la partida de truco final. Había un “bueno” pendiente para demostrar que la pareja de truco de gLUp y yo era muy superior a Dani y Juli. Pero no fue fácil demostrarlo hay que decir. Parecían varios los kilómetros que nos separaban todavía de la capital, y entonces varios los minutos de juego. Era cierto, pero no fueron pocos ni minutos ni kilómetros, lo que duro esa partida ardua y victoriosa para quien les escribe y su coequiper. Para cuando habíamos terminado, ya la General Paz nos prestaba su pavimento, para que la recorriera el bólido de dos pisos (la mierda, que me den un Pulitzer o un Novel por semejante metáfora). También me puteaba mi viejo por no haberle avisado antes en donde estaba.
Lo bueno es que Buenos Aires nos recibió con todo lo que tenia, en la entrada a Liniers había demasiados micros en frente, y una espera interminable para solo tres cuadras. Y cuando por fin pudimos bajar, un calor agobiante nos demostraba que todos los que nos decían por teléfono “acá hace un calor infernal” no mentían (bastante pelotudo habría sido que lo hagan la verdad). Luego de bajar y salir de la terminal todos buscaban su vuelta a casa. Es que el compañerismo es lindo, pero una cama lo es más aun. Padres, abuelos y remises eran necesarios para separarnos unos de otros. Las primeras en irse fueron gLUp y Kurosawa, que no tardaron ni cinco minutos en mandar un “los extraño” por mensaje de texto. Sin dudarlo, la forma más cursi de gastar quince centavos. Los siguientes en irnos fuimos Sol y yo ya que, al ir para el mismo lado, se podía compartir a mi viejo. El resto, supuse que volvió bien.
Y así rápidamente, llevados por diferentes autos, Mati, el distraído, director, actor y jodon profesional, Jui, el hombre calmo, pensador, capas de describir y sintetizar pensamientos y pelotudeces maravillosamente, Sol, la madre postiza que nos cocino y cuidó mientras nos educaba sobre Perón, gLUp, la meticulosa planeadora y directora de excursiones, quien se aguanto los chistes herejes, Kurosawa, quien es adorable y tenebrosa por parte iguales, Dani, el hombre que come o el Tarzán que nos hubiera salvado si se acababa la civilización por sus conocimientos de maderas, y finalmente yo Roberto (o Fede, como me llaman todos) quien caliente, jodona y pelotudamente, les trae este relato verdadero, aunque no lo crean, se fueron separando, dejando atrás mucho mas que un campamento en Tandil, mas bien una cuna de charlas, canciones, historias, fotos y videos, como lo fue este Campamento Heavy Metal

9.4.10

Día 6: El centinela, la casa y los fantasmas. Por Roberto Françoice

Que épico sonó este titulo ¿no? Bueno es meritorio para un día interesante y, prácticamente, el último en nuestra recorrida.
Si mi memoria de futuro ladr….historiador no me falla, ese día nos despertamos, rápido y con entusiasmo. Íbamos hacia el último cerro, el Centinela, que tenía una de las piedras más interesantes (o más bien la única) para ver en la zona: El Idem. Cantamos todos juntos, tomala vos, dámela a mí, y nos fuimos todos en un remis. Y si, habíamos caminado, andado en bici, remado y nadado, nos permitimos ser bacanes por una vez y aprender lo que es la combustión interna de un bólido automovilístico(como 50 puntos en el scrable esta frase). Entonces el camino fue laxo y rápido. Lleganos todos al parador del cerro, casi al unísono. En ese momento empezamos a decidir para donde ir. Las aerosillas (que bien podría ser el nombre de un superhéroe de una mueblería) eran caras y medio al pedo, por no llevar a ningún lugar, principalmente. Así es como fuimos al lado contrario. Claro solo para descubrir que a los pocos metros nos encontraba el famoso “centinela”. Nuestra decepción hacia lo bajo de los cerros del lugar ya era moneda corriente. Por no decirlo de forma buena y letrada, el cerro era una caquita.
Las fotos obligadas al lado de la imponente roca (no es sarcasmo créanme esta buena la piedra esa, tan raramente puesta) y varias no obligadas con nuestro ya común tinte pelotudo, estuvieron a la orden del día. Pero es después de este lapso, que llegó el momento culmine del día y uno de los más importantes dentro del viaje. En el camino (muy corto) de vuelta hacia le parador, se nos ocurrieron, en medio del pelotudeo, lo que fue la expresión máxima de nuestra creatividad boluda en todo el viaje (que como venia siendo no es para nada poco decir): La saga “Nomamesguay”. Explicar el porque de este nombre, o como fueron estos videos altamente guionados en el momento, es mucho mas aburrido de lo que fue en realidad. Así que en su momento verán los resultados (una película cuyo trailer ya se puede encontrar en facebook y youtube), pero mucho más no se puede adentrar en el tema sin ser justo con semejante producción.
Luego de la espera de los remises, partimos hacia nuestro último almuerzo digno en las tierras tandilenses. Repetimos arroz si no me equivoco (mi duda es con la noche si no fue en ese momento que lo comimos, porque seguro, seguro arroz hubo ooooootra vez ese día). Pero sin locuras existenciales en el almuerzo. El primer descanso post comida también fue tranquilo. La idea era hacer un segundo fogón, y por lo tanto el tema de las ramas esta vez tenía que ser mejor planeado. No por nada Dani y Mati decidieron no ir al centro, como el resto tenia planeado, para quedarse y juntar cosas para quemar (que esperábamos, sean ramas y no esposas de bateristas comos se hace en estos días). Se dedicaron en el cerrito de al lado, que a la tarde no era tan tenebroso como les parecerá a la noche. Sin adelantar de más la cosa, vuelvo por la parte que me compete, fuimos para el centro para visitar y comprar los prometidos regalos.
Lo lindo de visitar por segunda o tercera vez un centro urbano en vacaciones es que te lo apropias. Si tenes minimamente buen instinto de ubicación, vas a acordarte calles negocios y hasta un camino corto para ir de un punto a otro. Pero, si te pasa como a gLUp que no lo tiene muy desarrollado, también es interesante que cada vuelta de esquina sea como una aventura nueva. No quiero decir que el pánico tomo a nuestra compañera por rehén, mas bien ella se deja llevar por los que tienen mas idea de donde están y o por lo menos no admiten, como ella, que “siempre es para el otro lado al que digo”. Sin ánimos de bardeo hacia nuestra colega(o me pregunten colega de que carajo), prosigo comentando nuestra ultima visita. En este caso el lugar a buscar no era un lugar conocido, o más bien ubicado previamente, si no, uno de los atractivos mas grandes de la ciudad: “temporada de quesos”, no solo la casa mas antigua de la ciudad, no solo la única esquina sin ochava de todo el conglomerado urbano, era también (y principalmente) el almacén de quesos y fiambres mas tentador del mundo. Sin adelantar a su descripción, comento que a pesar de las indicaciones de nuestro amigo “quemado” (también en quien venimos a confiar nosotros) y algunas otras cosechadas, no encontramos fácilmente el lugar. Solo tuve que rebajarme a pedir indicaciones cosa, que todos saben, es una humillación para alguien nacido XY.
Pero antes la parada pedida era la catedral. Aunque no lo crean yo era uno de los que pedía esa parada. De afuera era muy linda y prometía lo mismo de adentro. Entre casi temblando de no deshacerme. Mi mirada atónita la ver que no desaparecía la entrar en suelo sagrado fue a la par de mis compañeros (Juli y gLUp nomás porque las chicas restantes se quedaron arafue por respeto o mas bien lo contrario) al creer que yo e iglesia nunca iban a estar juntos en una oración y menos en un mismo espacio físico temporal dimensional. Ojo también entró Roque (no lo había mencionado antes porque era absolutamente obvio que estaba en este contexto como en todos los demás) que, como buen perro, no sabe leer un cartel de “no pasar” y se costó en el medio justo del cerquito que delimitaba. Menos mal que no tienen alma los perros. No quiero ser malo, pero lo que prometió la iglesia (como casi todo lo que proponen los amigos del pontífice) no lo cumplió ni en pedo. Al salir, mi comentario iba a ser correcto y moderado, pero fue tapado por “es medio garcha” de gLUp, que fue mas acertado.
Caminamos unas pocas cuadras (nada esta guaaaaaauu que lejos en un pueblo/ciudad del interior), mientras Juli sacaba cuanto graffiti original había (que para lo contrario al imaginario que se palpaba del manilense promedio, eran bastante “zurditos”). Y finalmente llegamos. “Es mi versión del paraíso” dijo Sol de una forma no solo absolutamente acertada, si no un poco en contradicción con su anticlerical, posición. Pero es que digo yo, lectores y lectoras y lectoros, con mi recalcitrante ateismo hasta rompe-pelotas, nunca dude tanto de la existencia de dios como en ese lugar. Combinar historia con queso y salame, para mí por lo menos, es como un lugar sacadamente genial (claro ante la mirada de gLUp que decía internamente: “ves te dije que existía y ahora te vas a ir al infierno por pelotudo”). “Temporada de quesos” o “La vieja esquina” es absolutamente así. Compramos varias cosas, sobre todo para familias y, en mi caso, el impuesto al viajero laboral (que si faltaba en la oficina me cortaban las tripas y hacían achuras lo puedo asegurar). Pero, principalmente, unos productos para probar en el momento. Claro, estábamos dejando afuera a los que no se habían copado en venir. Y un poco a Roque que tanto no lo queríamos como para darle un salame carito. Es así como fuimos al super, a comprar lo necesario para la cena y para la picada improvisada. Momento en el cual Roque vuelve a no entender una consigna humana y entra la super a saludarnos cuando estábamos pagando. Pobre Roque fue negado por nosotros “no es mi perro” dijimos. Pobre negado tres veces antes de que el gallo cante, justo después de ser aceptado en una iglesia.
Nos sentamos en la plaza, luego del fallido intento reiterado de conseguirme novia tandilense, y nos dimos nomás una panzada de embutidos y queso que fue un momento TOP del viaje sin duda.
Volvimos rápido, dudando si contar o no semejante “traición” (no cuenta como traición, pero suena más épico ¿no?). Decidimos dejarlo bajo la alfombra y comprar las papas para hacer a las brasas para contentar a los que esperaban.
De la cena hay poco que comentar. Solo hubo atisbos de lo que iba a ser el fogón. Kurosawa pasaría en pocos segundos de ser una muchacha simpática buena, que no parecería hacer daño a una mosca, a tener el poder de hacer temblar a dos jóvenes que hasta la doblaban en altura. En medio de las conversaciones empezó a revelar sus conocidas historias de fantasmas. El pueblo Gallego es grande, tiene comida, bosques y muchas características más, pero sobre todo tiene un anecdotario de espíritus y fantasmas que claramente era efectivo para las miradas temblorosas de Dani y Mati.
Luego de terminar de juntar las ramas en la oscuridad, ambos mencionados dudaban mucho de si iban a pedir o no que complete la historia que, ya desde el comienzo (que casi nunca es la parte jodida de un relato además), los había hecho dudar de su masculinidad. Pero en la fogata, el ambiente se imponía, era necesario que Kuro continúe asustando principalmente a estos dos hombres (no voy a negar que no había sugestión en mi también, pero la confesión previa de Kuro de “no me creo ni en pedo en estas boludeces” hacia que mucho ya no me logre cagar). Su poder era genial, contaba de tal forma que sin moverse podría haber vencido a estos dos hombres en batalla que, casi literalmente, terminaron pidiendo piedad al final de la noche.
Luego de las historias, el fogón daba para cursilerías. Era la última noche y el comentar sobre nosotros y decirnos palabras bien homosexuales estaba a la orden del momento. También hacer las papas, que fue la obsesión de Mati mientras decíamos nuestros elaborados discursos (el mío concluyó en “putos váyanse a la mierda” traducción de gLUp: “los quiero chicos”).
Apagado el fuego (mas por el viento que por acción nuestra), nos dirigimos a las carpas a boludear un rato, comer las papas, y seguir cagandonos (literal y figurativamente hablando). Después, la obligada dormida, ya que el día que venia era el último y más corto, había que dejar el campamento temprano, pero eso es otra historia, la última.

24.3.10

Día 5: Un pastiche total.

Bueno si colgué, perdonen pero si en mi futuro pretendo no escribir blogs gratis todo el tiempo o irme a Tandil todos los veranos y cambiarlo por un libro pago o un país del exterior, tengo que estudiar y dar finales. Se que paso demasiado de la última actualización y las vacaciones parecen más lejos de lo posible de recordar. Pero no se preocupen tengo memoria de historiador y con, sólo, algunos documentos les reitero o invento lo necesario para llenar el siguiente día.
Sin embargo, en mi mente, este día se mezclaba con todos los demás. Pasamos de, debajo de agua a arriba, al mismísimo fuego. Un quilombo filosófico al final.
Pero un día contradictorio empezó de la forma más sencilla. Nos levantamos tranquilos y muy doloridos del día anterior. Digamos que la zona más complicada para la mayoría. Era esa en la que el sol nunca brilla (que tranquilamente podría ser algún órgano interno, lo cual llevaría a todos a la guardia de un hospital, pero por suerte era solamente el tuje). No hicimos nada en la mañana, la verdad ni daba moverse mucho. Salvo, claro, su servidor que, con Mati, se dispuso a ir a comprar lo necesario para sobrevivir ese día o por lo menos pasar el almuerzo. Dije: ¿Por qué no aprovechamos las bicis que tenemos por unas horas más y vamos al centro por una compra en el “carre”? La respuesta lógica seria: porque te duele el culo y volver a sentarte es medio jodido. No le hice caso a la inexistente respuesta y decidí volver a pedalear. Decí que la motivación de una comida caliente y bebidas, era mucho más fuerte de lo que era una piedra en lo alto de un cerro y eso hacia que las cuadras que hicimos parecieran mucho menos. Compradas las cosas (incluyendo, por supuesto, una ración fuerte de 3D de barbacoa), volvimos lo más rápido posible antes de que la señora de las bicis vuelva. Entre medio notamos la poca calidad de las bolsas del lado sur de la provincia. Y nuestros manejos fueron los suficientes para llegar, aunque no para no pedir a gritos un de esas canastitas tan gay que pueden tener las bicis.
Ni voy a comentar que nuestro apuro fue al pedo y que ya había ido la mina y prometía volver después para llevarse las otras. Uhh lo comente…..bueno ¡No lo lean! No tengo bien la tecla delete. Pero bueno así llegamos a la hora del almuerzo. Polenta, creo que la comida más de campamento hecha por el hombre. Si no me equivoco, en la época de las cavernas, la primera vez que se salio de ellas para ir a la intemperie bajo dos hojas apiladas se comió la “phoo lend tha”, que evolucionará hasta la pasta esa rara a la que le metemos salsa. Después los cavernícolas se preguntaron ¿Para qué carajo salimos de la cueva pa meternos en un lugar tan mojable? Pero no se había inventado el hippismo todavía (que sabemos que lo inventó Perón) que nosotros usábamos de razón para hacer la misma práctica. La señora Kuro no había, en su vida, probado bocado alguno de polenta. Es rara, por cierto, esa cuestión, pero no juzguemos a nuestra compañera de viaje por no haber tenido una experiencia que, convengamos, no es precisamente “ganar un mundial”. Era arriesgado sin embargo y así fue no le copo una mierda, aunque dijo que sí, nadie le creyó y si bien comió lo suficiente como para no morir de hambre en el día, demostró poco aprecio hacia el maíz en pasta. Poco importa cuanto le gustó al resto, la polenta genera fanatismos extraños a pesar de su simpleza.
Así terminamos el almuerzo y nos dirigimos a nuestro nadeo correspondiente. Pero hacer “nada” era lo contrario a nuestros planes. La idea era el kayak. Esa actividad náutica que despertaba extrañas pasiones entre nuestro equipo. Me incluyo en estas obviamente, porque la noticia de que el kayak se complicaba a la tarde me pegaba duro. Hubo cambio de agenda (no la primera en todo el viaje peor eran menos comunes de lo que creerían): Salía pileta hasta la tarde-noche que se iba al kayak. No hay mucho que decir de la pileta. No fuimos todos, dejando a Dani, Kuro y Sol tomando fernet en la orilla del lago (como para que no digan que los dejamos solos y tristes ehh), solo la mitad se volvía a meter en la aventura de la pileta publica. Dentro boludeamos, sacamos fotos absolutamente pelotudas y nos cansamos fuertemente nadando al pedo.
Estuvimos nuestras horas ojo, lo suficiente como para que, a la vuelta, ya estuviéramos a tiempo para entrar la kayak. No todos igual. Tres de nosotros (Sol, Juli y Yo) tuvimos por cuestión de logística, entrar en una canoa. El resto descubría que el kayak era un deporte muuucho mas complicado de lo que parecía. Si bien las damas restantes (Kuro y gLUp) se dieron mucha maña con su doble kayak, los pibes dieron bastante lástima sin saber como mierda moverse. Admito que sin la dirección técnica de Juli bastante mal me hubiera ido. Pero teníamos claramente un transporte mas digno de manejar. Claro que nos confiamos al jugarle la carrera a las muchachas. Y en esta caso quiero aclarar un tanto ciertas cuestiones. La señora gLUp sigue jactándose de la victoria de esa seudo-regata, sin tener en cuenta que éramos tres personas (de las cuales solo remábamos los dos hombres y estos mismos dos no eran precisamente “livianos”) contra dos pequeñas pibas en una mierda de plástico puro, y nuestra canoa era una señora canoa de fierro y bien armada. Todo esto tendiendo en cuenta que la diferencia de la “victoria” fueron unos insignificantes metros. Por una cabeza cantaría Gardel, equivocándose por supuesto, porque no llevábamos caballos con nosotros.
Así terminaba nuestra excursión por el canotaje tandilense. Bastante dignamente terminamos (a pesar de que gLUp se desnuca con un flotador). Y con la travesía terminada (que empezó y termino en el mismo lugar en realidad) nos pusimos a pensar en el morfi. Salio arroz nuevamente. De la cena poco hay para decir pues nuestra vista se dirigía hacia el planeado fogón. Si hablábamos del cavernícola antes, ahora lo retomaremos. Dominar el fuego es algo demasiado más difícil de lo que parece. Al gran incursionador en le tema hay que aplaudirlo muchachos, llamase “ug” o “but” o como sea. La mierda como costo prender esos troncos tan bien seccionados. Casi lo mismo que costó sacarnos de encima a nuestro quemado amigo que volvía a aparecer este día y amenazaba con rompernos con su presencia en este fogón. Eso si, nos tiro la indicación de donde se podía comprar algo para tomar ¡Lo que sea!, pero nos cagó mal porque no había nada abierto a kilómetros de distancia. Y nuestra excursión con Mati siguiendo las instrucciones era mucho mas fracasada que la de la mañana (un 100% diría). Volvimos solo con sed. Seguimos intentando prender el fuego con poco éxito, hasta que, bajo ordenes de la scautidad presente, logramos encender unas ramas que demasiado rápido se iban consumiendo. A partir de ahí la noche se dividió entre nuestro boludeo y el señor Dani que cuál tarzan, que hizo un juramento ante el dios de los animales, se trepaba a todo árbol y buscaba en todo lugar posible para que, bajo ninguna circunstancia, el fuego se apagara.
Sin embargo tanto el cansancio y las cenizas ganaron. Decidimos abandonar un fogón que no estuvo mal, pero que bien podría haber durado más con mejor planeamiento. Pero como donde hubo fuego cenizas quedan (ja nunca mejor dicho ehh) y un próximo fogón se podría organizar al día siguiente.
Describir que me dormí con un chupetín en la boca es una buena muestra de lo bizarro que me había tornado yo a estas alturas.
El último día completo nos esperaba. Y prometo describirlo mas rápido que este bache.

18.2.10

Día 4: La gran travesía Por Roberto Françoice

¿Suena lindo el titulo de este día no? Digamos que es muy meritorio a l oque fue este interesante día y no solo una excusa para titularlo igual que uno de mis Asterix preferidos.

El que siga los relatos anteriores, notará que el “día 3” fue no solo cansador si no que llegó con poco sueño. Así que para que haya una idea, les digo que, a las 2 horas de sueño, ya me despertaba el terrible sol. Me levanté e imité a Juli, que tenia, por primera vez en el viaje, la gran idea de dormir en el tronco aledaño a nuestra carpa para escaparle al calor matutino. Me puse solo unos minutos, hasta que me di cuenta que la hora ya había llegado. Es que habíamos reservado las Bicis para las 9 (aunque yo creí que era para las 8), y había que ir a esperarlas adelante. Desayunamos, entonces, los pocos valientes que nos habíamos animado a esperar. Que como justo coincidíamos en ser los trasnochadores, creí que íbamos a morir en el trayecto que nos separaba del campamento a la mítica “no” piedra “no” movediza, que íbamos a remontar en ese vehiculo moderno llamado bicicleta.

Sin embargo el mate se acabó, el jugo que yo tomaba también, deci que no abrimos el fernet porque no hay que beber y conducir, pero también se hubiera acabado, todo sin que llegaran las bicis prometidas. Más de una hora después de que las bicis tendrían que haber llegado, es que tuvimos que emprender la investigación de que mierda había pasado. La verdad no quiero aburrir en detalles de idas y vueltas, digamos que nos RE cagaron y no reservaron una mierda o las reservaron a cualquier lado. Creo que un pobre hombre recibió en su casilla un mensaje de gLUp putenadolo, sin entender que mierda eran las bicis, o el camping del fuerte, o Tandil o nada en la vida. Pero pro suerte pro otro TE que conseguimos, logramos que un servicio venga a traérnosla.

El calculo del habido lector (o sea nadie que lee este blog) habrá dado en la cuenta de que ya estamos cercanos al mediodía. Y es así, no miento en cuestión de horarios, en todo lo demás mentiré y mucho, pero en horarios no. El sol empezaba a poder quemar un pollo al espiedo a los pocos segundos de expuesto, y nosotros seguíamos obstinados a la travesía. Pensar que la idea era volver para el almuerzo. Si, si, se que leyendo esto piensan que: “¿Estos pibes que cálculos hacen?”. Y yo le digo que bueno, no tengo idea…no agarre la calculadora ni el sentido común, me faltaba lugar en la mochila. Y también digo: ¡Que mierda t importa lo que calculo yo! Quien te crees que sos para criticar y leer sobre mi vida en un blog….ah cierto…un lector…puta madre….siga director.

A las 11 y 22 para ser exactos salimos de la “Avenida José Rodríguez” que iba los larguisimos 150 metros(o menos) de la entrada del Camping, pasando por lo de Diego, hasta la ruta lateral del lago (bueno no seria la mas larga del mundo pero capas era la mas corta, quien te dice), y luego nos embarcamos, o mas bien, nos “enbiciamos” por el camino hasta la primer parada de la bicicleteada. Lo interesante y paradigmático de este primer Stop, es que fue a solo metros del inicio. Fue así, para resumir, todo el trayecto hasta la movediza. Que no sabía Mati a donde íbamos, que se cansaba Sol, que Dani ajustaba sus frenos o que Kuro rompía todo. Bueno esta última fue interesante. A las pocas cuadras pocos tengamos todavía algo de energía y pensamos en descansar un poco.

Le dimos agua a Roque, que, claramente, nos seguía todo el trayecto hasta acá, y descansamos tomando unos helados de agua que, tan gentilmente, Dani nos compraba. Fue una parada muy larga, pero por suerte notábamos que faltaba menos de lo que creíamos para la llegada. Claro poco trayecto, pero tanto tiempo. Así es como volvimos a montarnos a las vicies renovados de energías y con muchas esperanzas de poder seg…. ¿Qué paso? ¿Por qué paramos? A Kuro se le rompía la bici ¡Y la recontraputisimamadre que loremilutapario a los fabricantes de Bici! Y bueno, llamamos a la encargada y esperamos lentamente a solo pocos metros de la esquina que nos había visto descansar por varios minutos, nos poníamos en las mismas posiciones los otros varios minutos que nos separaban de la llegada de la reparación de Kurosawa, bah, de la bici. A Kuro le faltan unos tornillos varios pero eso es irreparable bah esperamos.

El recambio llegó, de paso cambiamos a Kuro pro una bici adecuada a su edad y no la pequeña que usaba e inflamos las gomas que estaban medio, como diría una persona que conozco: “polémicas”. Y nos largamos, por lo menos hasta la estación de servicio más cercana, en donde nos los inflamos a Dani, o más bien a sus gomas, digo, digo, las gomas de la bici de Dani. ¿Cuántas paradas vamos? Ni idea, pero el siguiente trayecto fue bastante bueno hasta que ooootro problema más. Sep justamente la Bici de Dani no estaba bien y fueron a inflarla a una bicicleteria de pro ahí. Ahh en donde encontramos el tan buscado: “segundo bardeo tandilense”. No estuve presente en la acción (mi sacades en las dos ruedas hizo que me adelante un poco mas que el resto chupándome un huevo lo que pasara atrás), pero simplemente fue así. Al momento de inflar la goma Dani se da cuenta que la cosa no va pa trás ni pa adelante ni pa arriba ni pa abajo, o sea queda ahí flotando. Por lo tanto decide preguntarle, con una humildad que poco porteño puede decir que tiene, si lo estaba haciendo bien. Y con la dureza, que poco provinciano uno cree que tiene, le responde “no es ninguna ciencia pibe”. ¡Bieeen un 10 en hospitalidad hacia tus clientes pibe! No, no era ninguna ciencia, era mecánica de rodados, la cámara estaba rota, y había que cambiarla. Uh eso era EL GARRÓN así con mayúsculas y tilde. Pero lo solucionaron bien, ya que, como dice el mito popular, todos en los pueblitos se conocen. No, no era que conocían a Del Potro, capas eso iba a ser mas interesante, pero si a los del alquiler, y eso era mas barato, porque nos prometían llamar y resarcirnos el costo de la cámara nueva.

Así es como seguimos nuestro trayecto. No siguiendo el supuesto camino del mapa (que indicaba una inexistente calle), si no un práctico cartel que decía: “la piedra pa allá”. En realidad antes de seguir, vimos el momento de mas felicidad de nuestro cuadrúpedo amigo, si señores ¡Una camionetita con perros arriba! Casi muere de un paro el perro. feliz de ladrar como nunca lo hizo antes en su vida. El siguiente tramo fue mas digno que los anteriores, pero mucho menos que le siguiente. Al llegar a la anteúltima esquina a doblar en el camino, a pocas cuadras de llegar, Kuro, sin razón física aparente, se cayó de la bici sin andar. A lo cual en medio de la reorganización para llegar, nos valió de la tercer bardeada tandilense: “tómense el 504 dijo, riéndose, un conductor al pasar. Suponiendo que el 504 es el equivalente del 60 en el imaginario tandilense, propusimos pasar los 400 metros de puro sol en una rápida pedaleada. Siempre propongo cosas ¡Y nadie me hace caso! Llegue absolutamente solo al otro extremo, solo para encontrarme con un par de cosas interesantes, primero otro cartel que nos indicaba que por un camino (¡Con sombra!) nos esperaba los últimos metros hasta la base del cerro, también descubrí un lindo mensaje dedicado de parte de unos de mis compañeros laborales que me hizo recordar que a pesar de estar, cansado, acalorado y muy hambriento, podría estar trabajando, eso me alivio mucho. Por ultimo ¿Que descubría? Que mis compañeros estaban en una micronesima sombra a mitad de camino de mí. Comprendía que la pobre de Sol tiene mucha repulsión a los efectos que le provoca su tocayo astro, pero tuve que convencer, fuertemente, que el descanso sea en la verdadera sombra a los pocos metros que estaba de nosotros. Por suerte ahí si me hicieron caso y paramos a inicios del último camino.

El bagre nos picaba como en una noche de pescadores en mar revuelto. Propuse que, ya perdida la comida en el camping, logremos hacer una comida improvisada en donde nos ubicábamos. Parecía lógico ya que una de las 3 construcciones que se veían en ese desolado lugar, era un almacén. Otra era una casa y la mas grande un edificio militar, ambas seguro tenían comida pero en un caso era maleducado comer y en otro terrorífico. Los hombres valientes cruzamos la ardiente calle para comprar lo pedido al almacén. Primer problema, parecía cerrado, a lo cual una señora mayor (vieron como evité decir “vieja”) nos informaba, que más que “parecer” estaba cerrado y hace mucho, casi un año dijo. Por suerte nos indicó otro que estaba cerca. Obvio que la cercanía es relativa, sobre todo, si hay un sol que freiría un buey en 5 minutos, eran tres cuadritas, pero que tres cuadras. Créanme que cuando caminas acalorado solo de respirar por 300 metros y encontrás simplemente un cartel de cerrado hasta justo dos días después del que estás, querés quemar todo. Por suerte ya estábamos quemados y preferimos volver a nuestro precario lugar de descanso.

Sin comida ni bebida ya decidimos que mejor era hacer los metros que nos separaban del cerro y empezar a pedalear. La verdad eran en subida, y como indiqué a gLUp en su posterior pregunta ¿De 1 a 10 cuan cansados están?, estaba en un 7 y medio de cansancio. Todo eso complotó y los últimos metros los hice caminando con la bici en mano.

Habíamos llegado, uno por uno, inevitablemente nos pusimos a descansar y a terminar la poco agua que teníamos. Lo cual era un problema, porque el agüita chica estaba 5 mangos y era mucho pagar para saciar nuestra sed total. Pero nos conformamos con refrescarnos con la fuente, no tomamos de ella…bueno no todos tomamos. Después de descansar lo necesario (muuuuuuucho) nos propusimos subir a la cima del cerro. Como terminó siendo costumbre la subida fue bastante simple. Tiene poco de aventurero subir en escalera un cerro la verdad.

En la cima vimos una cosa de yeso casi blanca, que no solo no se movía si no que era tan fea tan fea que les juro que ameritaba semejante viaje para verla. También se divisaba a la pobre caída, hace ya tantos años. Sacamos las fotos obligadas, vimos el espectáculo mas tandilense posible: Roque acostado juusto debajo de la movediza (falsa obvio) y partimos la vuelta antes que los muchachos más sedientos mueran al sol.

Abajo terminamos en la fea confitería aceptando las aguas caras y hasta una cindor que acompaño nuestro almuerzo (unas hamburguesas para mi y Mati que fuimos los únicos tan corajudos para hacer semejante combinación). Con más descanso encima, decidimos emprender la vuelta.

Teníamos bastantes mas energías y a la geografía a nuestro favor. Para darles una idea el primer trayecto, que de ida nos habrá tomado 2 horas, lo hicimos en 4 minutos. La vuelta por lo tanto fue mucho mas corta. Claro que hubo paradas, la primera fue para pedir indicaciones a un gordo que ¡Si señores! Terminó el combo del día en bardeadas ya que al final de su indicación y cuando ya estábamos devuelta en camino, gritó: “que boludos a pila” Gordo nabo, éramos mas bien boludos a “pedal” (¿se entendió? Buenísimo). Después paramos en un chino para tomar una rica sprite (no, no me pagaron nada los de coca cola company….todavía) y aliviar un poco la sed. Las siguientes paradas retrazaron bastante la cosa, sobre todo la de Mati al baño, que claramente es el hombre que mas permanece sentado al inodoro que conozco, y la de las chicas a comprar ropa (la actividad mas odiada por el hombre sumándole un cansancio tal, es lo mas cercano al infierno).

Así y todo llegamos, en dos tandas porque Dani y Mati se desviaron para comprar los pasajes de este último. 7 horas, 24 minutos, 55 segundos y 8 centésimas duró todo el recorrido. Una banda.

Con nuestros planes de la tarde arruinados por el cansancio absoluto y lo tarde que era. Pensamos mejor en la cena y en bañarnos. Piensen que en 4 hombres el olor producido podía ser usado como arma de destrucción masiva y no queríamos un ataque de los EEUU a Tandil. Así que nos bañamos. Si leyeron los anteriores días se acordaran como eran las duchas y también que les avisé que iba a haber escenas mas gay de las que nos gustaría admitir. Bañarse los 4 juntos (obvio que cada uno en su ducha y con la “obertura necesaria”) cantando canciones cómo “It´s raining men” y “Like a Virgin” contaría como una de ellas. Lo loco es que una pobre nena escucho todo desde el otro lado de los baños, y pedía explicaciones a la pobre gLUp de cómo podía pasar semejante escena (que seguro solo escuchándonos, era terrible). Por suerte gLUp demostró que tiene instintos maternales y le logró explicar con palabras sencillas y no fuertes que éramos 4 pelotudos alegres.

Así es como, comimos, tocamos la guitarra (bueno yo no, Juli tocó y gLUp intentó, demasiado, aprender muchas canciones, sin terminar ni siquiera una que sepamos todos) y nos fuimos, muy hechos mierda, a dormir. La mierda, que cansancio.

12.2.10

Día 3: ¿Ya la mitad? Por Roberto Françoise

El tercer día ni me acuerdo como empezó, si tarde o temprano. Creo que logre sobrevivir unas horas más al despertador natural que era el horno de mi carpa a las 8 de la mañana.
Lo único que se es que se día en nuestra agenda, tenia que ser el “tranquilo”.
Parte de la gracia de las vacaciones, son esos pequeños imprevistos. Este día empezaría con uno grande. Avanzada la mañana (no mucho igual), los chicos querían investigar el camino aledaño al campamento. No la ruta que nos llevaba,si no el bosquecito que subía empinadamente su costado. Parecía una travesía simple y divertida, y como estábamos al pedo antes de comer, me uní sin discutir. Así es como los cuatro hombres (jajajaja hombres jajajajaja) del campamento y gLUp empezamos la travesía. Compramos un agua por si la cosa se hacia para largo y cruzamos la ruta acompañados, por quien si no, por Roque. La subida empezó tranca. Era empinado y con muchas raíces, pero nuestra energía era mucha y anduvimos rápido y jodiendo bastante. Primero llegamos a unas rocas interesantes, eran lindas y daba un recuerdo del final de “la comunidad del anillo”. Pero nuestra primera sorpresa fue que no era la última escala. El cerro parecía seguir metros más, y no fáciles. Los subimos hasta la roca más alta. Que solo era mirador para un cerro que era muy aledaño pero bastante más alto. Nuestro instinto aventurero ya era grande, o por lo menos, mas grande que nuestro cansancio y nuestras piernas que decían “y pensar que ser el día de descanso” (las piernas hablan así medio en indio, piensen que mucha inteligencia no pueden tener sin tener cerebro), así que subimos hasta el punto más alto del otro cerro. Ahí justo al lado de la cruz iniciamos un set de fotografía que fue desde la herejía pura, hasta la pelotudez pura. Y en pocos minutos fuimos: escaladores de alta montaña, Mesías y una tapa de disco de un grupo de rock/pop/folk. Todo en unas 20 fotos boludisimas. Todo esto ultimo en la cima del cerro, que sin saberlo en ese momento, fue el mas alto que habíamos logrado subir.
La bajada fue interesante. A los pocos segundos ya Roque, Juli gLUp y yo (el perro por delante) habíamos tomado una buena delantera. Como no era una carrera pensamos en esperar a los dos rezagados, que después de recapacitar, los dejamos solos para que charlen como buenos amigos (si se que sonó gay…pero teniendo en cuenta todo con lo que jodimos durante el campamento fue lo menos gay que voy a decir). Entonces seguimos nuestro curso, que era trazado, por quien más, que nuestro fiel can. El cual claramente conocía a la perfección sus tierras. No solo nos llevo por un camino menos borroso que el de ida, si no también más corto y rápido. Perro de mierda, estaba empezando a quererlo un poco. El problema es que los dos rezagados no tenían a roque. Y su camino fue más largo y complicado. Imagínense que llegamos rápido como para cambiarnos, organizar el morfi y hasta jugar partidas entre dos campeones mundiales de ajedrez antes que los chicos arribaran al campamento.
Así volvieron los pibes: calientes. Por suerte mi instinto peronista hizo que los comprara rápidamente con un helado y que la rabia se fuera para los otros dos energúmenos, que tomaban algo en el kiosco proveeduría de Diego.
Así paso el almuerzo, otra vez finamente preparado por los dos maestros del a cocina que resultamos ser Sol y yo (que más que cocinero era el ayudante bobo de el Gourmet.com).
Y ahí vino un merecido descanso. Ya no me acuerdo como fue, pero seguro, de productivo, muy poco.
Al llegar la tardecita larga y luego de un partido de truco perdido, otro ganado y otro por jugar de parte del equipo gLUp y yo contra Dani(el señor de la gran suerte) y Juli. Nos dispusimos a prepararnos para las tan prometidas piletas. Estaban a solo 2 cuadras (si se le puede llamar cuadras a lo que recorrimos de ruta) y valían muy barato. La verdad una de esas gangas, que, no por nada, tooooooooooooodos nos las habían recomendado.
Una vez pasado la terriblemente extensa, cautelosa y completísima revisada medica, consistente en: “a ver abrí los dedos……listo no tene` nada pibe”, muy poco seguros de la higiene general de la pileta, entramos en el complejo. Ahí descubrimos que le tandilense promedio no suele nadar. Raro ya que desde el inicio del viaje los locales nos demostraban como ellos (con excepción de los enfermos del counter) tenían una vida deportiva mucho mayor y una calidad atlética muy superior. Digamos que nos hacían sentir unos gordos inútiles. Pero en este caso no. En este caso los Tandilenses preferían, en su gran mayoría, apreciar el agua desde la orilla y la proporción de metidos en la pileta por sobre los que estaban afuera era mucho menor. Obvio que no nos quejamos, era interesante poder hacer unos “largos” en la pileta de 50 metros. Bah eso parecía. Porque justamente cuando Juli y yo quisimos no sentirnos menos que el tandilense promedio y su estado atlético, corriendo una carrera en estilo libre por 100 metros, descubrimos que apenas llegábamos a los 50 en un largo y casi muriendo entre medio. Con mis piernas, y ahora, brazos pidiendo que no se me vuelva a ocurrir otro día “tranqui”, decidimos hacer diferentes pelotudeces. Primero quise desquitarme un poco de gLUp, que, mientras en el suelo me demostraba habilidad superior para cualquier acrobacia, y me dejaba como un boludo demostrando que una balanza humana esta mas lejos de mi que el premio novel de física, en el agua yo estaba en ventaja. Siempre fue mi elemento, en el agua hasta yo parezco menos torpe. Y bueno gLUp no sabe nada de nado (valga la redundancia redundante). Así es que por primera vez yo pude hacer una vertical…¡Y ella no!
Pero basta de bardeos gratuitos a miembros del personal estable. Después de nuestra sección de fotos pelotudas, ya el agua que empezó siendo suficientemente fría para mantener una coca cual heladera, ahora ya era suficientemente fría para congelar a un Mamut. Es por eso que emprendimos la salida. Primero lenta y después, apurada por los guardas que nos avisaban que la cosa cerraba. Es así como la tarde piletera terminaba, pero dejaba dos cosas: la primera una observación interesante, la diferencia de edad de la pareja tandilense común es grande…o sea mucho viejo verde con pendeja. La segunda cosa fue la frase del día: “Miren es el sueño de un cura” dijo Juli al ver a un infante de unos 2 años corriendo desnudo a una pelota en una de las piletas mas bajitas. Siendo esta una de las tantas frases anticlericales (si aunque no lo crean, existe esta palabra) con las que le rompimos a gLUp en más de un momento.
Volvimos bastante rompidos (no, esta no existe) la verdad. Pero el día no terminaba. Como quedaba tiempo pensamos en, por que no, hacer la prometida pizza al a parrilla. Ya les adelanto, el gran manjar del viaje.
Mientras íbamos para el centro, dejamos a gLUp y a Dani para que se vayan encargando de la masa y del fuego llegado el caso. El viaje al centro fue interesante. Primero Mati descubrió su nuevo amor de verano, las exclusivas de carrefour: ¡¡3D con el viejo sabor!! Y además mientras encontramos a un novio para nuestro homosexual amigo canino: Roque. Un perro negro que entre el amor nos siguió al campamento, mientras el dueño del lugar justo nos encontraba puteandonos por llevar otro perro al lugar ¡¡¡Pero si ni a Roque lo manejabamos!!! Bueno la vida es así.
Llegamos al campamento viendo a Dani y a gLUp mientras hablaban con nuestro amigo Diego. Supusimos que la cosa iba bien en marcha. Pero no, no había ni fuego ni bollitos de masa. Claro que gLUp si amasó, pero hasta ahí llegó (mira mamá me salió un verso sin esfuerzo). Y después las historias de Diego fueron, aparentemente, tan interesantes como para que los dos colguetis no vinieran si no hasta que el fuego estuviera prendido (cosa que les aseguro no fue nada fácil, requirió de extenso planeamiento, varias servilletas quemadas y un poder de abanicación de Juli de 34000 abanicazos por minuto o sea APM) y las masa ávidamente amasada. Igual se los perdona a los purretes.
Así es como comimos pizza con ferne con cola. Una combinación un tanto catastrófica al estomago pero una tormenta de sabor, parafraseando al Bambi.
Es así como nos fuimos a dormir. Bah es un decir, No solo la cena duro hasta tarde, si no que en las carpas dormir fue lo menos que hicimos. No hubo nada raro, pero de parte de algunos hubo un pelotudeo que duró hasta largas horas de la madrugada hablando de la vida y de Perón. Todo hasta que Sol nos callara amablemente a algunos y violentamente a su chico: Juli.
La idea no fue la mejor, porque de esa noche se suponía que venia el descanso suficiente para le día mas extenuante que estaba por venir.

6.2.10

Día 2: El dia mas largo del mundo. Roque estaba ahí. Por Roberto Françoise

Juli, descubrí en este viaje, tiene una capacidad maravillosa de cómo describir algo en palabras simples pero certeras. Por ejemplo, su definición de las duchas (una esperada pro los que no las habíamos visto y sufrimos temor a las instalaciones sanitarias de un camping): Es un cuarto grande, con 5 duchas y 10 canillas, 5 para fría y 5 para caliente. Al instante uno duda si olvido parte del a descripción, con cosas como, “paredes”, o “cortinas”. Pero no, Ya lo dije es correcto al describir, no le había faltado nada en su reporte, solo le faltaba a las duchas esos tan importantes elementos. Bueno también fue así de sencillo acertado cuando le pedimos, quienes no lo conocíamos, una definición de cómo es Mati, el ultimo miembro en sumarse a las furiosa expedición. El respondió: “Mati es un colgado, le estas hablando de algo y salta con ¡Mira, mira, esa piedra es linda!”. Bueno cambiando el ejemplo, a tan solo poquísimas horas de conocer a Mati, no pude dejar de notar lo cierto de la aseveración del señor Julián. También descubrí Lugo lo real de lo de las duchas, pero ojo si no había nadie, estaba para gritar, escaso de ropa, freeedoooom (Como William Wallas o como la canción, lo dejo a su gusto) en la ducha mas grande que uno puede pensar.

Y es así como Mati llego, temprano. Ojo mas temprano de lo que empezó mi día les aseguro. Si mi día ya se noto largo para mi, que me despertó el saliente sol del Este a las 8 de la mañana (mostrando que nuestros cálculos de donde estaban los puntos cardinales eran un chiste al lado de una brújula que nadie se digno a llevar), imagínense para los mártires que esperaron al recién llegado a las 5 de la matina.

De hecho durante mi dormida es que pasó uno de los hechos que marcaron el futuro del campamento y por lo tanto, tengo que relatarlos aunque sea de forma ajena. Ya el día anterior Dani(quien es, claramente, el sociable del grupo, porque hizo amistades tanto con personas, como con perros y un pibe que estaba como en el medio) había estado jugando con “Wendy” una perrita negra que se nos acerco a las carpas y termino durmiendo con nosotros. En este día a la mañana, la jauría aumentó, sumándose “Porfilio” y finalmente Roke. Aparentemente estos tres perros, se entretuvieron inventando la división del trabajo canina, robándose uno al otro la rama hasta devolverla a quien la había tirado (Como el último de estos era, el llamado, Porfilio, se lo renombró cómo Patrón-Porfilio). De esto quizás quedaba solo una anécdota de la diversión canina. Sin embargo quedo mucho más. Mientras que Wendy y Patron-Porfilio, se fueron hacia otros rumbos (nunca muy lejanos) al final de la mañana. Roque no, Roque siguió con nosotros todo el día, y, para adelantarles un poco, todo, absolutamente todo, el viaje.

Sin duda, Roque merece algún capitulo aparte de este relato, pero mejor dejémoslo a futuro. Simplemente para dar una idea. En cada cosa que aparezca en estas líneas Roque estará presente, fielmente estuvo en todos lados.

Después de las horas matinales ingiriendo galletitas y Cindor a rolete, venia la inauguración del flamante “equipo de cocina”. Integrado por Sol y por mí. Sol porque era la que conocía del tema, y yo….odio lavar los platos. Empezamos con uno de los “platos fuertes” (nunca mejor dicho) del menú, tan esquemáticamente pensado, de Sol antes del viaje: Fideos con salsa. Esta primer comida fue interesante por varios motivos. Primero el primer asombro de la capacidad engullidora de Dani (No lo vean esto como una critica, nunca me pareció mal comer mucho y disfrutarlo) que nos hizo replantear diferentes futuras comidas y sus raciones, y la capacidad bien relatada por juli de distraer la conversación general de Mati que, comentando sobre si le cerraban o no los bigotes interrumpió, desde una receta, hasta una posible discusión sobre le significado de la vida(tampoco lo vena como una critica, tampoco me pareció mal nunca hablar de cualquier tema con asociación rápida). A su vez, yo perdía mi poca chance de ganar la apuesta con gLUp, tan maquiavélicamente planteada días antes del viaje. La apuesta consistía en hacer decir al último incorporado (que ninguno de los dos conocía bien y por lo tanto evitábamos sospechas de arreglo), una frase especifica. En mi caso era “le cambie la fuente a la computadora” y en de gLUp era “soy el rey de la bailanta”. Para resumir: Matías nunca le cambió la fuente al a pc….estaba más cerca de perder.

Es importante recalcar una acción común a todo el día, que quizás la ubico en esta parte del relato, pero que iría bien en cualquier otro. Los tres hombres, ya desde la mañana, involucionamos a neandertales, u hominidos por el estilo, ese caluroso día tandilense. Se nos dio por hacer lanzas, así como lo leen, los señores empleaban finas herramientas suizas como lo son las “Victorinox”, para hacer el arma más rudimentaria conocida pro la humanidad, un “palo afilado”. Vale aclarar que si éramos homínidos, quizás Daniel es quién más evolucionado estaba, porque su habilidad para tallar hizo que buscara un cuchillo que era más fino y estilizado que los del resto. Y Roque estaba ahí

Así llego la tarde, que como figurita repetida en los 6 días de campamento, transcurrió a orillas del lago sin hacer nada productivo. Salvo claro ciertas fotos artísticas de las cuales Kuro y gLUp se sienten muy orgullosas. Al rato abrimos por fin el Ferne y la coca para disfrutar aun más el momento (¡Si, a las 3 de la tarde! ¡¿¡¿¡¿¡¿¡¿Algún problema?!?!?!?!?!). Mati probo por primera vez (bah, si no era la primera, le pegaba en el palo) su perdición el resto de los días tandilenses, el “Fernando”. Y Roque estaba ahí.

Más tarde, o más temprano, no recuerdo bien, en otra posición geográfica (la carpa más grande para ser exactos), nos encontramos con el denominado “quemado” un ser extraño que buscaba a Dani, con quien había sociabilizado el día anterior el y sus hermanos, recibiendo trucos de bicicleta. La intención de Dani era claramente no tener más relación con este muchacho, y convengamos que el resto estábamos mas que de acuerdo. Peeeero fue difícil despegarlo. Ojo gracias a él tuvimos algún que otro tip útil de la ciudad y además descubrimos que la moda electrónica de Tandil era muy extraña y atrasada. Seguía siendo furor (y cuándo digo furor, lo digo con todas las letras y capas con alguna que otra G de más), ¡El Counter Strike! Si señores el Counter, ese juego con el cual enviciábamos de pequeños (se que no todos pero, yo me acuerdo de los cibers repletos ehh) allá seguía siendo motivos de disputas callejeras y pasiones de las cuales nuestro visitante era sobreviviente.

Sin embargo la tarde terminaría victoriosa (uhh no perdón me equivoque de relato…), no mas bien la tarde terminaría más alto. Nos propusimos pasar a hacer la primera travesía del viaje: subir el Parque Independencia. El primer cerro suponía algo interesante, cansancio, altura, escalar, locuras de las cuales hace rato quería sentir. Nada de eso, al rato de empezar ya habíamos llegado al “castillo”, casi la empezamos a bajar sin darnos cuenta si no parábamos. Ojo el lugar era lindo y mereció sus fotos a lo señor de los anillos (Una larga tradición de fotos y videos que hicieron muy “creativo” el viaje). La vuela también fue rápida y con la cena como pensamiento (el equipo de cocina no descansa siempre piensa en la siguiente comida). Y Roque estaba ahí.

Como el día viene largo, incluso en este monótono relato, pasemos a los momentos posteriores a la cena. Decidimos, dada la abultada agenda que teníamos por delante (planeada entre fernet y fernet de la tarde) y el poco cansancio que nos había dejado la subidita del cerro, ver con nuestros propios ojos la “noche tandilense”. Y así partimos casi todos para el centro (Dani seguía negado, y quizás con razón, a ver edificios en el viaje).Y Roque nos siguió. Paramos en un pub, o más bien barsucho, que parecía simpático. Después de ordenar y sorprender a todos de mi pedido de la clave del Wi Fi al mozo(un hombre como yo tiene que estar conectado todo el tiempo), llegaron las bebidas, un Fernet pedido por el nuevo cultor de la bebida cordobesa, Matías, un Cuba libre para mi y tres licuados para los no alcohólicos restantes(Kuro, Juli y Sol). Se preguntaran: ¿Qué se pidió gLUp entonces? Si les digo que nada, y les cuento en el estado en que terminó la noche la pobre señorita, no me creerían. Pero digamos que, aunque en el inicio no pagó nada, si le robo rápidamente más de un sorbo al señor Matías de su espumante bebida. Según palabras de ella misma, solo el primer trago le “pego”, no se si es cierto, lo cierto es que funcionó e hizo que gLUp se caracterizara por decir incoherencias y ridiculeces dignas de alguien que si bien no esta lo que llamaríamos “en pedo” es un muy buen ejemplo de alguien al que llamaríamos “alegre”.

Y volvimos al campamento, el día que fue mas largo se terminaba, cansados y abatidos esperábamos el resto de los días con incertidumbre si serian tan buenos como este. Y Roque estaba ahí.

3.2.10

¡La Posta!

Quien escribe: gLUp


Nah, nah, nah... la cosa no fue así, a estos chicos no se los puede mandar a hacer nada. Todo lo que cuentan es cierto pero se olvidan de algo FUNDAMENTAL:
El campamento empezó mucho antes...


...aunque parece que eso muy bien no se sabía. Todo comenzó un 22 de diciembre cuando luego de haber rendido el último examen de la facultad, Kuro me propuso hacer un viaje, algo tranquilo, un campamento filosófico donde pudiéramos meditar acerca de la contaminación ambiental y la metafisica de las palomas. Ella sugirió Tandil, un lugar lleno de paz y verde, perfecto para nuestros planes. Fue así como comenzamos a organizar la partida: nos juntamos en su casa a buscar en la internet, averiguamos campings, hicimos una lista titulada "vacaciones Pseudo-locas" que contenía las cosas que debíamos llevar y descubrimos que el pasaje en tren es dos veces más barato y por tanto, se agota dos veces mas rápido.
Con todo en marcha le contamos a una amiga llamada Solange de nuestra idea para estas vacaciones. Parece que en los escasos seis meses en que nos conococemos, a la muchacha le caímos lo suficientemente bien como para que quiera pasar una semana con nosotras, de esta forma nos preguntó si podía incluirse al campamento. ¿cómo negarse? si la chica es de lo más grossa, alguien que habla de Perón y Clarín como ella no merece una negativa. Siendo tres, nuevamente nos reunimos en lo de Kuro, ahora para verificar que la carpa tuviera todas las estacas y (aunque Sol no lo sabe), también para evaluar que ella fuera de fiar. ¿A que loco se le ocurre irse de vacaciones con completos extraños?...(bue...ya hablaremos de eso).
Esa tarde en Lugano Sol nos confesó que su novio Julian y el amigo Daniel, también querían viajar. Con Kuro nos miramos un instante y no hubo que decir mucho más, ellos ya estaban dentro.
¿Cómo llegaron a formar parte del campamento los últimos dos integrantes? uno de ellos tiene anécdota, el otro....es un misterio.
Roberto Françoise es un personaje extravagante y su inclusión en este campamento no pudo ser menos. Una noche de verano en un cumpleaños de una amiga de Kuro y mía ocurrió todo. Como no era de extrañar Roberto se había prendido a una fiesta llena de ajenos. Mientras caminabamos hacia el lugar Kuro, Sol y Robby iban juntos, delante iba yo con Dani el amigo de Juli. Qué iba a saber yo de que unos pasos más atrás se estaban comenzando a mover las fichas, claro que no iba prestando atención pues aquí adelante también se estaba gestando algo nuevo. Con astucia, Robb se chamuyó a las chicas, las hipnotizó con su retórica. Él sabía que la pieza difícil de mover iba a ser yo, así que consiguió cómplices y les manifestó su deseo de ir a Tandil alegando que no quería hablar del tema en una noche de fiesta y mamúa. No se volvió a hablar del tema. A la mañana siguiente entre resaca y cansancio Roberto Françoise fue incluido en el proyecto.
Finalmente queda Matías, que como ya mencioné más arriba se subió al campamento y al micro de las formas más inverosimiles capaces de imaginar y que por razones que exceden a mi conocimiento y habilidad para relatar prefiero mantener como una incógnita a fin de que puedan disfrutar de todas las historias que faltan por contar y que se verían opacadas con este relato.

En fin... con su amabilidad y mi atrevimiento los invito a que disfruten de este blog que augura muy poco pero puede llegar a sorprender a más de uno.

EL PRIMER DIA SEGÚN KUROSAWA

El primer día: todo comienza a la mañana con mucho calor y Liniers lleno de gente que se iba a otros lugares. Con mucha sed me fui a comprar una gaseosa de pomelo de marca “cormillot” a lo que Roberto me comenta: ¿No podías comprar algo más rico?
Me senté en la heladerita, tranquila, sabiendo que era mía y no me importaba mucho si se me rompía, los demás se sentaron en el piso o se quedaron parados esperando a que llegue nuestro micro. Una vez adentro, agradecidos por el aire acondicionado, empezaron nuestras caras de felicidad, y las caras de orto del resto de la gente por viajar con animales como nosotros.
Un comentario sobresaliente del cual nos reímos mucho con Glup fue cuando le dije:-¿Cuánta gente que va a Tandil no?, ella mira hacia un costado, observa que la mayoría de las personas eran de la tercera edad, a lo que me responde: “Si, vamos con el Pami boluda.” En eso yo también miro de reojo a nuestros acompañantes ancianos, y le digo: ¿No estaremos quemando etapas?, Glup me respondió a esta pregunta con una fuerte risa, a la que no pude dejar de acompañar con otra risa subida tres escalas arriba.
Bien, llegamos a Tandil, empezaron todos con el dilema de donde colocar la carpa, a mi me daba exactamente igual donde las íbamos a armar, por lo cual fue uno de los momentos en los cuales no me intereso aportar mucha opinión.
Luegamente almorzamos, yo me lleve sánguches, de los cuales le compartí a Dani que se quedo con hambre, así que le ofrecí a el, quedándome sin cena yo. Pero bueno, todo sea para conservar la amistad.
Luego de que todos se quedaron retozando por ahí, yo tenia energia como para veinte, por lo que me puse a jugar a la paleta con Roberto, hasta que en un paletazo la pelota se me cayó al lago y la perdimos. Más al pedo imposible, llevar las paletas para ya desde el primer día no poder jugar.
Luego de eso, me fui a investigar un poco el camping, camine unos pasos hasta toparme con el lago. Decidí sentarme ahí y quedarme mirando el lago, los patos, la basura, y un perro que me venia con una ramita para jugar, perro que en ese momento yo no sabia que iba a ser protagonista de nuestro campamento, que luego íbamos a llamar Roque.
Luego de media hora de pensar en pavadas, aparece Glup buscándome. Admiramos el paisaje de Tandil, descansamos, Eran aproximadamente las 4 de la tarde, calorcito, y esa vista me impulsaron a decirle sin pensar: Estaría para tomarse una cervecita ¿No?
Fuimos a la proveeduría y pague 9 mangos una Quilmes bien helada, que la disfrute a más no poder.
Finalizada la cerveza, fuimos en busca del resto de nuestros amigos, los cuales seguían pancheando en las carpas comiendo gomitas y flinp paf . Y bueno a partir de acá el día fue igual como cuenta Roberto.

Dia 1: El arribo, o la partida…o mas bien ambas. Por Roberto Françoise

El día empezó temprano, y en una ciudad diferente. Siempre digo que la estación de micros de un lugar es como una muestra para no extrañar el lugar de donde t vas. Creo que Liniers no solo no es la excepción si no mas bien el ejemplo máximo. Súmenle a esto que eran las 7 y 30 de la mañana, y se darán cuenta que mis ganas de entrar al micro y llegar lo más rápido posible, eran superiores a todo. Bueno no a todo, eran superiores mis ganas de cagar a tiros a gLUp por su genial propuesta ¡De llegar 1 hora antes! Así que ahí estaba yo, con un sueño poco cuantificable y solo en la calurosa y fea terminal diciendo: “Y encima soy el único pelotudo que llegó temprano”.
Ahí las vi a Kuro y a gLUp, las primeras en llegar, juuusto por el otro lado del que pensaba que iban a aparecer, y bueno corrí con mi mochila un tanto pesadita. Llegué, nos encontramos y pronto llegó el resto de la muchachada que viajaba en el día. Lo primero en verse fue la gorra loca de Dani que a partir de esta semana es difícil imaginármelo sin ella, después de eso, a Sol y Juli con,una cantidad, un poco sacada ,de cosas, que descubrí, que íbamos a llevar. Claramente pensábamos tomar Tandil a la fuerza o algo parecido porque llevábamos material para un ejército. Y ahí la espera fue dura, ojo no era ni larga ni taaan jodidamente calurosa, pero la impaciencia era grande. Cada dos por tres gLUp nos hacia callar para escuchar algún anuncio, que no era para nosotros.
¡Finalmente! La mueca de de gLUp digna de una azafata que muestra una puerta de emergencia en el techo del lugar nos indicaba que nuestra señal: ¡El micro estaba! El viaje fue muy loco, las 5 horas más rápidas de mi vida, sin peli ni morfi parecía destinado al fracaso para cualquier pasajero. Salvo nosotros. Digamos que empeoramos el viaje de todos los demás pobres viajantes con tal de que nosotros lo disfrutáramos. Nos zarpamos un poco de risas y gritos. La risa de Kuro era como la banda de sonido no autorizada del micro. Era permanente digamos, porque una simple muesca de Juli hacia apretar “play” a una sinfonia divertida para nosotros, tortuosa para el resto. Nuestros gritos y risas, solo eran cortados por las palabras de “ubíquense” de gLUp. A lo que llevaba a una de las frases características de toda las vacaciones “deja de respetar a los demás” usualmente acompañada por un golpe correctivo.
Y así llegamos, creí escuchar un sonido de alivio de todos los demás pasajeros cuando abandonamos el micro, y otro de terror de todo Tandil por llegar.
Después de eso hasta el campamento lo típico, remis como la hinchada de Chacarita, y a encontrarlo. Ya en el camping recibimos el primer insulto tandilense, (algo que ya verán que se repetirá y dejará la idea del “porteño bardero”, un poco lejana en comparación) a la pregunta de o gLUp o de Juli de “¿Acá es la administración?” Como una frase sencilla para iniciar la conversación, se le respondió con un gesto, del señor amanerado que dirigía todo, mostrando el cartel “Administración. Biblioteca. Recepción” pero como diciendo “¿Porteño pelotudo no sabes leer?”. Después del primer vapuleo, se tomo una buena decisión. Dado que el poder de decisión de la mujer promedio no es ni bueno ni malo, si no más bien hincha pelotas, es que la parte masculina del grupo se fue a decidir el lugar de las carpas.
No solo elegimos un gran lugar sino que la armada de carpas quizás fue un poco peleada (“que yo quiero más acá, no mejor acá, que allá, que blabla”) pero mostró que rápidamente podemos congeniar.
El lugar era ideal, una vez puesto el rock ¡Ya empezábamos a dominar Tandil! Bueno no…primero huevo, mucho huevo.
Almorzamos, la mayoría unos sánguches que se habían llevado y yo para el almuerzo un arroz, al que todos me miraban con cara de “mírenlo por ultima vez vivo”.No lo terminé, me intimidaron sus miradas y el revuelto estomacal de no haber dormido hace más de 24 horas.
A la tarde-noche si, fuimos al centro. Investigamos el camino. Una señora nos dio 6 indicaciones para algo que era: “sigan por esta derecho unas cuadras” por suerte lo entendimos y lo hicimos. Llegamos a la plaza ¡RE original! ¡La iglesia, la municipalidad y un barcito en la esquina! Ahh creí nunca ver algo así. A los pocos metros nos dimos cuenta de algo, medio bueno, medio malo. Un Carrefour, la c escondida nos marcaba dos cosas 1: Teníamos provisión de bebidas alcohólicas baratas, 2: habíamos traído comida para abastecer a todo Tandil al pedo. Por suerte la 1 era muuucho más importante que la otra y compramos ahí la botella que marco gran parte de nuestra estadía: un Branca grande, y obvio su Coca pertinente.
Así es como volvimos al pedido de Dani, que se había quedado, y ya el aburrimiento y la oscuridad le jugaban muy en contra a su decisión, por eso esperaba ansioso nuestro regreso. Llegamos y cenamos, yo insistí con mi resto de arroz pero el cagaso me hizo volcarme a mis empanadas que había reservado para esa hora, las devore, el arroz lo tiré.
Y bueno ahí a la “cama” o más bien a la bolsa de dormir. Sabía que mucho no iba a dormir porque encima a la madrugada parte de los chicos iban a recibir a Matías, el último miembro de nuestra travesía.
La noche empezaba, el primer y largo día terminaba, yo no tenia nada de idea de todas las cosas que quedaban por pasar.