El día empezó temprano, y en una ciudad diferente. Siempre digo que la estación de micros de un lugar es como una muestra para no extrañar el lugar de donde t vas. Creo que Liniers no solo no es la excepción si no mas bien el ejemplo máximo. Súmenle a esto que eran las 7 y 30 de la mañana, y se darán cuenta que mis ganas de entrar al micro y llegar lo más rápido posible, eran superiores a todo. Bueno no a todo, eran superiores mis ganas de cagar a tiros a gLUp por su genial propuesta ¡De llegar 1 hora antes! Así que ahí estaba yo, con un sueño poco cuantificable y solo en la calurosa y fea terminal diciendo: “Y encima soy el único pelotudo que llegó temprano”.
Ahí las vi a Kuro y a gLUp, las primeras en llegar, juuusto por el otro lado del que pensaba que iban a aparecer, y bueno corrí con mi mochila un tanto pesadita. Llegué, nos encontramos y pronto llegó el resto de la muchachada que viajaba en el día. Lo primero en verse fue la gorra loca de Dani que a partir de esta semana es difícil imaginármelo sin ella, después de eso, a Sol y Juli con,una cantidad, un poco sacada ,de cosas, que descubrí, que íbamos a llevar. Claramente pensábamos tomar Tandil a la fuerza o algo parecido porque llevábamos material para un ejército. Y ahí la espera fue dura, ojo no era ni larga ni taaan jodidamente calurosa, pero la impaciencia era grande. Cada dos por tres gLUp nos hacia callar para escuchar algún anuncio, que no era para nosotros.
¡Finalmente! La mueca de de gLUp digna de una azafata que muestra una puerta de emergencia en el techo del lugar nos indicaba que nuestra señal: ¡El micro estaba! El viaje fue muy loco, las 5 horas más rápidas de mi vida, sin peli ni morfi parecía destinado al fracaso para cualquier pasajero. Salvo nosotros. Digamos que empeoramos el viaje de todos los demás pobres viajantes con tal de que nosotros lo disfrutáramos. Nos zarpamos un poco de risas y gritos. La risa de Kuro era como la banda de sonido no autorizada del micro. Era permanente digamos, porque una simple muesca de Juli hacia apretar “play” a una sinfonia divertida para nosotros, tortuosa para el resto. Nuestros gritos y risas, solo eran cortados por las palabras de “ubíquense” de gLUp. A lo que llevaba a una de las frases características de toda las vacaciones “deja de respetar a los demás” usualmente acompañada por un golpe correctivo.
Y así llegamos, creí escuchar un sonido de alivio de todos los demás pasajeros cuando abandonamos el micro, y otro de terror de todo Tandil por llegar.
Después de eso hasta el campamento lo típico, remis como la hinchada de Chacarita, y a encontrarlo. Ya en el camping recibimos el primer insulto tandilense, (algo que ya verán que se repetirá y dejará la idea del “porteño bardero”, un poco lejana en comparación) a la pregunta de o gLUp o de Juli de “¿Acá es la administración?” Como una frase sencilla para iniciar la conversación, se le respondió con un gesto, del señor amanerado que dirigía todo, mostrando el cartel “Administración. Biblioteca. Recepción” pero como diciendo “¿Porteño pelotudo no sabes leer?”. Después del primer vapuleo, se tomo una buena decisión. Dado que el poder de decisión de la mujer promedio no es ni bueno ni malo, si no más bien hincha pelotas, es que la parte masculina del grupo se fue a decidir el lugar de las carpas.
No solo elegimos un gran lugar sino que la armada de carpas quizás fue un poco peleada (“que yo quiero más acá, no mejor acá, que allá, que blabla”) pero mostró que rápidamente podemos congeniar.
El lugar era ideal, una vez puesto el rock ¡Ya empezábamos a dominar Tandil! Bueno no…primero huevo, mucho huevo.
Almorzamos, la mayoría unos sánguches que se habían llevado y yo para el almuerzo un arroz, al que todos me miraban con cara de “mírenlo por ultima vez vivo”.No lo terminé, me intimidaron sus miradas y el revuelto estomacal de no haber dormido hace más de 24 horas.
A la tarde-noche si, fuimos al centro. Investigamos el camino. Una señora nos dio 6 indicaciones para algo que era: “sigan por esta derecho unas cuadras” por suerte lo entendimos y lo hicimos. Llegamos a la plaza ¡RE original! ¡La iglesia, la municipalidad y un barcito en la esquina! Ahh creí nunca ver algo así. A los pocos metros nos dimos cuenta de algo, medio bueno, medio malo. Un Carrefour, la c escondida nos marcaba dos cosas 1: Teníamos provisión de bebidas alcohólicas baratas, 2: habíamos traído comida para abastecer a todo Tandil al pedo. Por suerte la 1 era muuucho más importante que la otra y compramos ahí la botella que marco gran parte de nuestra estadía: un Branca grande, y obvio su Coca pertinente.
Así es como volvimos al pedido de Dani, que se había quedado, y ya el aburrimiento y la oscuridad le jugaban muy en contra a su decisión, por eso esperaba ansioso nuestro regreso. Llegamos y cenamos, yo insistí con mi resto de arroz pero el cagaso me hizo volcarme a mis empanadas que había reservado para esa hora, las devore, el arroz lo tiré.
Y bueno ahí a la “cama” o más bien a la bolsa de dormir. Sabía que mucho no iba a dormir porque encima a la madrugada parte de los chicos iban a recibir a Matías, el último miembro de nuestra travesía.
La noche empezaba, el primer y largo día terminaba, yo no tenia nada de idea de todas las cosas que quedaban por pasar.
3.2.10
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario