El primer día: todo comienza a la mañana con mucho calor y Liniers lleno de gente que se iba a otros lugares. Con mucha sed me fui a comprar una gaseosa de pomelo de marca “cormillot” a lo que Roberto me comenta: ¿No podías comprar algo más rico?
Me senté en la heladerita, tranquila, sabiendo que era mía y no me importaba mucho si se me rompía, los demás se sentaron en el piso o se quedaron parados esperando a que llegue nuestro micro. Una vez adentro, agradecidos por el aire acondicionado, empezaron nuestras caras de felicidad, y las caras de orto del resto de la gente por viajar con animales como nosotros.
Un comentario sobresaliente del cual nos reímos mucho con Glup fue cuando le dije:-¿Cuánta gente que va a Tandil no?, ella mira hacia un costado, observa que la mayoría de las personas eran de la tercera edad, a lo que me responde: “Si, vamos con el Pami boluda.” En eso yo también miro de reojo a nuestros acompañantes ancianos, y le digo: ¿No estaremos quemando etapas?, Glup me respondió a esta pregunta con una fuerte risa, a la que no pude dejar de acompañar con otra risa subida tres escalas arriba.
Bien, llegamos a Tandil, empezaron todos con el dilema de donde colocar la carpa, a mi me daba exactamente igual donde las íbamos a armar, por lo cual fue uno de los momentos en los cuales no me intereso aportar mucha opinión.
Luegamente almorzamos, yo me lleve sánguches, de los cuales le compartí a Dani que se quedo con hambre, así que le ofrecí a el, quedándome sin cena yo. Pero bueno, todo sea para conservar la amistad.
Luego de que todos se quedaron retozando por ahí, yo tenia energia como para veinte, por lo que me puse a jugar a la paleta con Roberto, hasta que en un paletazo la pelota se me cayó al lago y la perdimos. Más al pedo imposible, llevar las paletas para ya desde el primer día no poder jugar.
Luego de eso, me fui a investigar un poco el camping, camine unos pasos hasta toparme con el lago. Decidí sentarme ahí y quedarme mirando el lago, los patos, la basura, y un perro que me venia con una ramita para jugar, perro que en ese momento yo no sabia que iba a ser protagonista de nuestro campamento, que luego íbamos a llamar Roque.
Luego de media hora de pensar en pavadas, aparece Glup buscándome. Admiramos el paisaje de Tandil, descansamos, Eran aproximadamente las 4 de la tarde, calorcito, y esa vista me impulsaron a decirle sin pensar: Estaría para tomarse una cervecita ¿No?
Fuimos a la proveeduría y pague 9 mangos una Quilmes bien helada, que la disfrute a más no poder.
Finalizada la cerveza, fuimos en busca del resto de nuestros amigos, los cuales seguían pancheando en las carpas comiendo gomitas y flinp paf . Y bueno a partir de acá el día fue igual como cuenta Roberto.
3.2.10
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario