18.2.10

Día 4: La gran travesía Por Roberto Françoice

¿Suena lindo el titulo de este día no? Digamos que es muy meritorio a l oque fue este interesante día y no solo una excusa para titularlo igual que uno de mis Asterix preferidos.

El que siga los relatos anteriores, notará que el “día 3” fue no solo cansador si no que llegó con poco sueño. Así que para que haya una idea, les digo que, a las 2 horas de sueño, ya me despertaba el terrible sol. Me levanté e imité a Juli, que tenia, por primera vez en el viaje, la gran idea de dormir en el tronco aledaño a nuestra carpa para escaparle al calor matutino. Me puse solo unos minutos, hasta que me di cuenta que la hora ya había llegado. Es que habíamos reservado las Bicis para las 9 (aunque yo creí que era para las 8), y había que ir a esperarlas adelante. Desayunamos, entonces, los pocos valientes que nos habíamos animado a esperar. Que como justo coincidíamos en ser los trasnochadores, creí que íbamos a morir en el trayecto que nos separaba del campamento a la mítica “no” piedra “no” movediza, que íbamos a remontar en ese vehiculo moderno llamado bicicleta.

Sin embargo el mate se acabó, el jugo que yo tomaba también, deci que no abrimos el fernet porque no hay que beber y conducir, pero también se hubiera acabado, todo sin que llegaran las bicis prometidas. Más de una hora después de que las bicis tendrían que haber llegado, es que tuvimos que emprender la investigación de que mierda había pasado. La verdad no quiero aburrir en detalles de idas y vueltas, digamos que nos RE cagaron y no reservaron una mierda o las reservaron a cualquier lado. Creo que un pobre hombre recibió en su casilla un mensaje de gLUp putenadolo, sin entender que mierda eran las bicis, o el camping del fuerte, o Tandil o nada en la vida. Pero pro suerte pro otro TE que conseguimos, logramos que un servicio venga a traérnosla.

El calculo del habido lector (o sea nadie que lee este blog) habrá dado en la cuenta de que ya estamos cercanos al mediodía. Y es así, no miento en cuestión de horarios, en todo lo demás mentiré y mucho, pero en horarios no. El sol empezaba a poder quemar un pollo al espiedo a los pocos segundos de expuesto, y nosotros seguíamos obstinados a la travesía. Pensar que la idea era volver para el almuerzo. Si, si, se que leyendo esto piensan que: “¿Estos pibes que cálculos hacen?”. Y yo le digo que bueno, no tengo idea…no agarre la calculadora ni el sentido común, me faltaba lugar en la mochila. Y también digo: ¡Que mierda t importa lo que calculo yo! Quien te crees que sos para criticar y leer sobre mi vida en un blog….ah cierto…un lector…puta madre….siga director.

A las 11 y 22 para ser exactos salimos de la “Avenida José Rodríguez” que iba los larguisimos 150 metros(o menos) de la entrada del Camping, pasando por lo de Diego, hasta la ruta lateral del lago (bueno no seria la mas larga del mundo pero capas era la mas corta, quien te dice), y luego nos embarcamos, o mas bien, nos “enbiciamos” por el camino hasta la primer parada de la bicicleteada. Lo interesante y paradigmático de este primer Stop, es que fue a solo metros del inicio. Fue así, para resumir, todo el trayecto hasta la movediza. Que no sabía Mati a donde íbamos, que se cansaba Sol, que Dani ajustaba sus frenos o que Kuro rompía todo. Bueno esta última fue interesante. A las pocas cuadras pocos tengamos todavía algo de energía y pensamos en descansar un poco.

Le dimos agua a Roque, que, claramente, nos seguía todo el trayecto hasta acá, y descansamos tomando unos helados de agua que, tan gentilmente, Dani nos compraba. Fue una parada muy larga, pero por suerte notábamos que faltaba menos de lo que creíamos para la llegada. Claro poco trayecto, pero tanto tiempo. Así es como volvimos a montarnos a las vicies renovados de energías y con muchas esperanzas de poder seg…. ¿Qué paso? ¿Por qué paramos? A Kuro se le rompía la bici ¡Y la recontraputisimamadre que loremilutapario a los fabricantes de Bici! Y bueno, llamamos a la encargada y esperamos lentamente a solo pocos metros de la esquina que nos había visto descansar por varios minutos, nos poníamos en las mismas posiciones los otros varios minutos que nos separaban de la llegada de la reparación de Kurosawa, bah, de la bici. A Kuro le faltan unos tornillos varios pero eso es irreparable bah esperamos.

El recambio llegó, de paso cambiamos a Kuro pro una bici adecuada a su edad y no la pequeña que usaba e inflamos las gomas que estaban medio, como diría una persona que conozco: “polémicas”. Y nos largamos, por lo menos hasta la estación de servicio más cercana, en donde nos los inflamos a Dani, o más bien a sus gomas, digo, digo, las gomas de la bici de Dani. ¿Cuántas paradas vamos? Ni idea, pero el siguiente trayecto fue bastante bueno hasta que ooootro problema más. Sep justamente la Bici de Dani no estaba bien y fueron a inflarla a una bicicleteria de pro ahí. Ahh en donde encontramos el tan buscado: “segundo bardeo tandilense”. No estuve presente en la acción (mi sacades en las dos ruedas hizo que me adelante un poco mas que el resto chupándome un huevo lo que pasara atrás), pero simplemente fue así. Al momento de inflar la goma Dani se da cuenta que la cosa no va pa trás ni pa adelante ni pa arriba ni pa abajo, o sea queda ahí flotando. Por lo tanto decide preguntarle, con una humildad que poco porteño puede decir que tiene, si lo estaba haciendo bien. Y con la dureza, que poco provinciano uno cree que tiene, le responde “no es ninguna ciencia pibe”. ¡Bieeen un 10 en hospitalidad hacia tus clientes pibe! No, no era ninguna ciencia, era mecánica de rodados, la cámara estaba rota, y había que cambiarla. Uh eso era EL GARRÓN así con mayúsculas y tilde. Pero lo solucionaron bien, ya que, como dice el mito popular, todos en los pueblitos se conocen. No, no era que conocían a Del Potro, capas eso iba a ser mas interesante, pero si a los del alquiler, y eso era mas barato, porque nos prometían llamar y resarcirnos el costo de la cámara nueva.

Así es como seguimos nuestro trayecto. No siguiendo el supuesto camino del mapa (que indicaba una inexistente calle), si no un práctico cartel que decía: “la piedra pa allá”. En realidad antes de seguir, vimos el momento de mas felicidad de nuestro cuadrúpedo amigo, si señores ¡Una camionetita con perros arriba! Casi muere de un paro el perro. feliz de ladrar como nunca lo hizo antes en su vida. El siguiente tramo fue mas digno que los anteriores, pero mucho menos que le siguiente. Al llegar a la anteúltima esquina a doblar en el camino, a pocas cuadras de llegar, Kuro, sin razón física aparente, se cayó de la bici sin andar. A lo cual en medio de la reorganización para llegar, nos valió de la tercer bardeada tandilense: “tómense el 504 dijo, riéndose, un conductor al pasar. Suponiendo que el 504 es el equivalente del 60 en el imaginario tandilense, propusimos pasar los 400 metros de puro sol en una rápida pedaleada. Siempre propongo cosas ¡Y nadie me hace caso! Llegue absolutamente solo al otro extremo, solo para encontrarme con un par de cosas interesantes, primero otro cartel que nos indicaba que por un camino (¡Con sombra!) nos esperaba los últimos metros hasta la base del cerro, también descubrí un lindo mensaje dedicado de parte de unos de mis compañeros laborales que me hizo recordar que a pesar de estar, cansado, acalorado y muy hambriento, podría estar trabajando, eso me alivio mucho. Por ultimo ¿Que descubría? Que mis compañeros estaban en una micronesima sombra a mitad de camino de mí. Comprendía que la pobre de Sol tiene mucha repulsión a los efectos que le provoca su tocayo astro, pero tuve que convencer, fuertemente, que el descanso sea en la verdadera sombra a los pocos metros que estaba de nosotros. Por suerte ahí si me hicieron caso y paramos a inicios del último camino.

El bagre nos picaba como en una noche de pescadores en mar revuelto. Propuse que, ya perdida la comida en el camping, logremos hacer una comida improvisada en donde nos ubicábamos. Parecía lógico ya que una de las 3 construcciones que se veían en ese desolado lugar, era un almacén. Otra era una casa y la mas grande un edificio militar, ambas seguro tenían comida pero en un caso era maleducado comer y en otro terrorífico. Los hombres valientes cruzamos la ardiente calle para comprar lo pedido al almacén. Primer problema, parecía cerrado, a lo cual una señora mayor (vieron como evité decir “vieja”) nos informaba, que más que “parecer” estaba cerrado y hace mucho, casi un año dijo. Por suerte nos indicó otro que estaba cerca. Obvio que la cercanía es relativa, sobre todo, si hay un sol que freiría un buey en 5 minutos, eran tres cuadritas, pero que tres cuadras. Créanme que cuando caminas acalorado solo de respirar por 300 metros y encontrás simplemente un cartel de cerrado hasta justo dos días después del que estás, querés quemar todo. Por suerte ya estábamos quemados y preferimos volver a nuestro precario lugar de descanso.

Sin comida ni bebida ya decidimos que mejor era hacer los metros que nos separaban del cerro y empezar a pedalear. La verdad eran en subida, y como indiqué a gLUp en su posterior pregunta ¿De 1 a 10 cuan cansados están?, estaba en un 7 y medio de cansancio. Todo eso complotó y los últimos metros los hice caminando con la bici en mano.

Habíamos llegado, uno por uno, inevitablemente nos pusimos a descansar y a terminar la poco agua que teníamos. Lo cual era un problema, porque el agüita chica estaba 5 mangos y era mucho pagar para saciar nuestra sed total. Pero nos conformamos con refrescarnos con la fuente, no tomamos de ella…bueno no todos tomamos. Después de descansar lo necesario (muuuuuuucho) nos propusimos subir a la cima del cerro. Como terminó siendo costumbre la subida fue bastante simple. Tiene poco de aventurero subir en escalera un cerro la verdad.

En la cima vimos una cosa de yeso casi blanca, que no solo no se movía si no que era tan fea tan fea que les juro que ameritaba semejante viaje para verla. También se divisaba a la pobre caída, hace ya tantos años. Sacamos las fotos obligadas, vimos el espectáculo mas tandilense posible: Roque acostado juusto debajo de la movediza (falsa obvio) y partimos la vuelta antes que los muchachos más sedientos mueran al sol.

Abajo terminamos en la fea confitería aceptando las aguas caras y hasta una cindor que acompaño nuestro almuerzo (unas hamburguesas para mi y Mati que fuimos los únicos tan corajudos para hacer semejante combinación). Con más descanso encima, decidimos emprender la vuelta.

Teníamos bastantes mas energías y a la geografía a nuestro favor. Para darles una idea el primer trayecto, que de ida nos habrá tomado 2 horas, lo hicimos en 4 minutos. La vuelta por lo tanto fue mucho mas corta. Claro que hubo paradas, la primera fue para pedir indicaciones a un gordo que ¡Si señores! Terminó el combo del día en bardeadas ya que al final de su indicación y cuando ya estábamos devuelta en camino, gritó: “que boludos a pila” Gordo nabo, éramos mas bien boludos a “pedal” (¿se entendió? Buenísimo). Después paramos en un chino para tomar una rica sprite (no, no me pagaron nada los de coca cola company….todavía) y aliviar un poco la sed. Las siguientes paradas retrazaron bastante la cosa, sobre todo la de Mati al baño, que claramente es el hombre que mas permanece sentado al inodoro que conozco, y la de las chicas a comprar ropa (la actividad mas odiada por el hombre sumándole un cansancio tal, es lo mas cercano al infierno).

Así y todo llegamos, en dos tandas porque Dani y Mati se desviaron para comprar los pasajes de este último. 7 horas, 24 minutos, 55 segundos y 8 centésimas duró todo el recorrido. Una banda.

Con nuestros planes de la tarde arruinados por el cansancio absoluto y lo tarde que era. Pensamos mejor en la cena y en bañarnos. Piensen que en 4 hombres el olor producido podía ser usado como arma de destrucción masiva y no queríamos un ataque de los EEUU a Tandil. Así que nos bañamos. Si leyeron los anteriores días se acordaran como eran las duchas y también que les avisé que iba a haber escenas mas gay de las que nos gustaría admitir. Bañarse los 4 juntos (obvio que cada uno en su ducha y con la “obertura necesaria”) cantando canciones cómo “It´s raining men” y “Like a Virgin” contaría como una de ellas. Lo loco es que una pobre nena escucho todo desde el otro lado de los baños, y pedía explicaciones a la pobre gLUp de cómo podía pasar semejante escena (que seguro solo escuchándonos, era terrible). Por suerte gLUp demostró que tiene instintos maternales y le logró explicar con palabras sencillas y no fuertes que éramos 4 pelotudos alegres.

Así es como, comimos, tocamos la guitarra (bueno yo no, Juli tocó y gLUp intentó, demasiado, aprender muchas canciones, sin terminar ni siquiera una que sepamos todos) y nos fuimos, muy hechos mierda, a dormir. La mierda, que cansancio.

12.2.10

Día 3: ¿Ya la mitad? Por Roberto Françoise

El tercer día ni me acuerdo como empezó, si tarde o temprano. Creo que logre sobrevivir unas horas más al despertador natural que era el horno de mi carpa a las 8 de la mañana.
Lo único que se es que se día en nuestra agenda, tenia que ser el “tranquilo”.
Parte de la gracia de las vacaciones, son esos pequeños imprevistos. Este día empezaría con uno grande. Avanzada la mañana (no mucho igual), los chicos querían investigar el camino aledaño al campamento. No la ruta que nos llevaba,si no el bosquecito que subía empinadamente su costado. Parecía una travesía simple y divertida, y como estábamos al pedo antes de comer, me uní sin discutir. Así es como los cuatro hombres (jajajaja hombres jajajajaja) del campamento y gLUp empezamos la travesía. Compramos un agua por si la cosa se hacia para largo y cruzamos la ruta acompañados, por quien si no, por Roque. La subida empezó tranca. Era empinado y con muchas raíces, pero nuestra energía era mucha y anduvimos rápido y jodiendo bastante. Primero llegamos a unas rocas interesantes, eran lindas y daba un recuerdo del final de “la comunidad del anillo”. Pero nuestra primera sorpresa fue que no era la última escala. El cerro parecía seguir metros más, y no fáciles. Los subimos hasta la roca más alta. Que solo era mirador para un cerro que era muy aledaño pero bastante más alto. Nuestro instinto aventurero ya era grande, o por lo menos, mas grande que nuestro cansancio y nuestras piernas que decían “y pensar que ser el día de descanso” (las piernas hablan así medio en indio, piensen que mucha inteligencia no pueden tener sin tener cerebro), así que subimos hasta el punto más alto del otro cerro. Ahí justo al lado de la cruz iniciamos un set de fotografía que fue desde la herejía pura, hasta la pelotudez pura. Y en pocos minutos fuimos: escaladores de alta montaña, Mesías y una tapa de disco de un grupo de rock/pop/folk. Todo en unas 20 fotos boludisimas. Todo esto ultimo en la cima del cerro, que sin saberlo en ese momento, fue el mas alto que habíamos logrado subir.
La bajada fue interesante. A los pocos segundos ya Roque, Juli gLUp y yo (el perro por delante) habíamos tomado una buena delantera. Como no era una carrera pensamos en esperar a los dos rezagados, que después de recapacitar, los dejamos solos para que charlen como buenos amigos (si se que sonó gay…pero teniendo en cuenta todo con lo que jodimos durante el campamento fue lo menos gay que voy a decir). Entonces seguimos nuestro curso, que era trazado, por quien más, que nuestro fiel can. El cual claramente conocía a la perfección sus tierras. No solo nos llevo por un camino menos borroso que el de ida, si no también más corto y rápido. Perro de mierda, estaba empezando a quererlo un poco. El problema es que los dos rezagados no tenían a roque. Y su camino fue más largo y complicado. Imagínense que llegamos rápido como para cambiarnos, organizar el morfi y hasta jugar partidas entre dos campeones mundiales de ajedrez antes que los chicos arribaran al campamento.
Así volvieron los pibes: calientes. Por suerte mi instinto peronista hizo que los comprara rápidamente con un helado y que la rabia se fuera para los otros dos energúmenos, que tomaban algo en el kiosco proveeduría de Diego.
Así paso el almuerzo, otra vez finamente preparado por los dos maestros del a cocina que resultamos ser Sol y yo (que más que cocinero era el ayudante bobo de el Gourmet.com).
Y ahí vino un merecido descanso. Ya no me acuerdo como fue, pero seguro, de productivo, muy poco.
Al llegar la tardecita larga y luego de un partido de truco perdido, otro ganado y otro por jugar de parte del equipo gLUp y yo contra Dani(el señor de la gran suerte) y Juli. Nos dispusimos a prepararnos para las tan prometidas piletas. Estaban a solo 2 cuadras (si se le puede llamar cuadras a lo que recorrimos de ruta) y valían muy barato. La verdad una de esas gangas, que, no por nada, tooooooooooooodos nos las habían recomendado.
Una vez pasado la terriblemente extensa, cautelosa y completísima revisada medica, consistente en: “a ver abrí los dedos……listo no tene` nada pibe”, muy poco seguros de la higiene general de la pileta, entramos en el complejo. Ahí descubrimos que le tandilense promedio no suele nadar. Raro ya que desde el inicio del viaje los locales nos demostraban como ellos (con excepción de los enfermos del counter) tenían una vida deportiva mucho mayor y una calidad atlética muy superior. Digamos que nos hacían sentir unos gordos inútiles. Pero en este caso no. En este caso los Tandilenses preferían, en su gran mayoría, apreciar el agua desde la orilla y la proporción de metidos en la pileta por sobre los que estaban afuera era mucho menor. Obvio que no nos quejamos, era interesante poder hacer unos “largos” en la pileta de 50 metros. Bah eso parecía. Porque justamente cuando Juli y yo quisimos no sentirnos menos que el tandilense promedio y su estado atlético, corriendo una carrera en estilo libre por 100 metros, descubrimos que apenas llegábamos a los 50 en un largo y casi muriendo entre medio. Con mis piernas, y ahora, brazos pidiendo que no se me vuelva a ocurrir otro día “tranqui”, decidimos hacer diferentes pelotudeces. Primero quise desquitarme un poco de gLUp, que, mientras en el suelo me demostraba habilidad superior para cualquier acrobacia, y me dejaba como un boludo demostrando que una balanza humana esta mas lejos de mi que el premio novel de física, en el agua yo estaba en ventaja. Siempre fue mi elemento, en el agua hasta yo parezco menos torpe. Y bueno gLUp no sabe nada de nado (valga la redundancia redundante). Así es que por primera vez yo pude hacer una vertical…¡Y ella no!
Pero basta de bardeos gratuitos a miembros del personal estable. Después de nuestra sección de fotos pelotudas, ya el agua que empezó siendo suficientemente fría para mantener una coca cual heladera, ahora ya era suficientemente fría para congelar a un Mamut. Es por eso que emprendimos la salida. Primero lenta y después, apurada por los guardas que nos avisaban que la cosa cerraba. Es así como la tarde piletera terminaba, pero dejaba dos cosas: la primera una observación interesante, la diferencia de edad de la pareja tandilense común es grande…o sea mucho viejo verde con pendeja. La segunda cosa fue la frase del día: “Miren es el sueño de un cura” dijo Juli al ver a un infante de unos 2 años corriendo desnudo a una pelota en una de las piletas mas bajitas. Siendo esta una de las tantas frases anticlericales (si aunque no lo crean, existe esta palabra) con las que le rompimos a gLUp en más de un momento.
Volvimos bastante rompidos (no, esta no existe) la verdad. Pero el día no terminaba. Como quedaba tiempo pensamos en, por que no, hacer la prometida pizza al a parrilla. Ya les adelanto, el gran manjar del viaje.
Mientras íbamos para el centro, dejamos a gLUp y a Dani para que se vayan encargando de la masa y del fuego llegado el caso. El viaje al centro fue interesante. Primero Mati descubrió su nuevo amor de verano, las exclusivas de carrefour: ¡¡3D con el viejo sabor!! Y además mientras encontramos a un novio para nuestro homosexual amigo canino: Roque. Un perro negro que entre el amor nos siguió al campamento, mientras el dueño del lugar justo nos encontraba puteandonos por llevar otro perro al lugar ¡¡¡Pero si ni a Roque lo manejabamos!!! Bueno la vida es así.
Llegamos al campamento viendo a Dani y a gLUp mientras hablaban con nuestro amigo Diego. Supusimos que la cosa iba bien en marcha. Pero no, no había ni fuego ni bollitos de masa. Claro que gLUp si amasó, pero hasta ahí llegó (mira mamá me salió un verso sin esfuerzo). Y después las historias de Diego fueron, aparentemente, tan interesantes como para que los dos colguetis no vinieran si no hasta que el fuego estuviera prendido (cosa que les aseguro no fue nada fácil, requirió de extenso planeamiento, varias servilletas quemadas y un poder de abanicación de Juli de 34000 abanicazos por minuto o sea APM) y las masa ávidamente amasada. Igual se los perdona a los purretes.
Así es como comimos pizza con ferne con cola. Una combinación un tanto catastrófica al estomago pero una tormenta de sabor, parafraseando al Bambi.
Es así como nos fuimos a dormir. Bah es un decir, No solo la cena duro hasta tarde, si no que en las carpas dormir fue lo menos que hicimos. No hubo nada raro, pero de parte de algunos hubo un pelotudeo que duró hasta largas horas de la madrugada hablando de la vida y de Perón. Todo hasta que Sol nos callara amablemente a algunos y violentamente a su chico: Juli.
La idea no fue la mejor, porque de esa noche se suponía que venia el descanso suficiente para le día mas extenuante que estaba por venir.

6.2.10

Día 2: El dia mas largo del mundo. Roque estaba ahí. Por Roberto Françoise

Juli, descubrí en este viaje, tiene una capacidad maravillosa de cómo describir algo en palabras simples pero certeras. Por ejemplo, su definición de las duchas (una esperada pro los que no las habíamos visto y sufrimos temor a las instalaciones sanitarias de un camping): Es un cuarto grande, con 5 duchas y 10 canillas, 5 para fría y 5 para caliente. Al instante uno duda si olvido parte del a descripción, con cosas como, “paredes”, o “cortinas”. Pero no, Ya lo dije es correcto al describir, no le había faltado nada en su reporte, solo le faltaba a las duchas esos tan importantes elementos. Bueno también fue así de sencillo acertado cuando le pedimos, quienes no lo conocíamos, una definición de cómo es Mati, el ultimo miembro en sumarse a las furiosa expedición. El respondió: “Mati es un colgado, le estas hablando de algo y salta con ¡Mira, mira, esa piedra es linda!”. Bueno cambiando el ejemplo, a tan solo poquísimas horas de conocer a Mati, no pude dejar de notar lo cierto de la aseveración del señor Julián. También descubrí Lugo lo real de lo de las duchas, pero ojo si no había nadie, estaba para gritar, escaso de ropa, freeedoooom (Como William Wallas o como la canción, lo dejo a su gusto) en la ducha mas grande que uno puede pensar.

Y es así como Mati llego, temprano. Ojo mas temprano de lo que empezó mi día les aseguro. Si mi día ya se noto largo para mi, que me despertó el saliente sol del Este a las 8 de la mañana (mostrando que nuestros cálculos de donde estaban los puntos cardinales eran un chiste al lado de una brújula que nadie se digno a llevar), imagínense para los mártires que esperaron al recién llegado a las 5 de la matina.

De hecho durante mi dormida es que pasó uno de los hechos que marcaron el futuro del campamento y por lo tanto, tengo que relatarlos aunque sea de forma ajena. Ya el día anterior Dani(quien es, claramente, el sociable del grupo, porque hizo amistades tanto con personas, como con perros y un pibe que estaba como en el medio) había estado jugando con “Wendy” una perrita negra que se nos acerco a las carpas y termino durmiendo con nosotros. En este día a la mañana, la jauría aumentó, sumándose “Porfilio” y finalmente Roke. Aparentemente estos tres perros, se entretuvieron inventando la división del trabajo canina, robándose uno al otro la rama hasta devolverla a quien la había tirado (Como el último de estos era, el llamado, Porfilio, se lo renombró cómo Patrón-Porfilio). De esto quizás quedaba solo una anécdota de la diversión canina. Sin embargo quedo mucho más. Mientras que Wendy y Patron-Porfilio, se fueron hacia otros rumbos (nunca muy lejanos) al final de la mañana. Roque no, Roque siguió con nosotros todo el día, y, para adelantarles un poco, todo, absolutamente todo, el viaje.

Sin duda, Roque merece algún capitulo aparte de este relato, pero mejor dejémoslo a futuro. Simplemente para dar una idea. En cada cosa que aparezca en estas líneas Roque estará presente, fielmente estuvo en todos lados.

Después de las horas matinales ingiriendo galletitas y Cindor a rolete, venia la inauguración del flamante “equipo de cocina”. Integrado por Sol y por mí. Sol porque era la que conocía del tema, y yo….odio lavar los platos. Empezamos con uno de los “platos fuertes” (nunca mejor dicho) del menú, tan esquemáticamente pensado, de Sol antes del viaje: Fideos con salsa. Esta primer comida fue interesante por varios motivos. Primero el primer asombro de la capacidad engullidora de Dani (No lo vean esto como una critica, nunca me pareció mal comer mucho y disfrutarlo) que nos hizo replantear diferentes futuras comidas y sus raciones, y la capacidad bien relatada por juli de distraer la conversación general de Mati que, comentando sobre si le cerraban o no los bigotes interrumpió, desde una receta, hasta una posible discusión sobre le significado de la vida(tampoco lo vena como una critica, tampoco me pareció mal nunca hablar de cualquier tema con asociación rápida). A su vez, yo perdía mi poca chance de ganar la apuesta con gLUp, tan maquiavélicamente planteada días antes del viaje. La apuesta consistía en hacer decir al último incorporado (que ninguno de los dos conocía bien y por lo tanto evitábamos sospechas de arreglo), una frase especifica. En mi caso era “le cambie la fuente a la computadora” y en de gLUp era “soy el rey de la bailanta”. Para resumir: Matías nunca le cambió la fuente al a pc….estaba más cerca de perder.

Es importante recalcar una acción común a todo el día, que quizás la ubico en esta parte del relato, pero que iría bien en cualquier otro. Los tres hombres, ya desde la mañana, involucionamos a neandertales, u hominidos por el estilo, ese caluroso día tandilense. Se nos dio por hacer lanzas, así como lo leen, los señores empleaban finas herramientas suizas como lo son las “Victorinox”, para hacer el arma más rudimentaria conocida pro la humanidad, un “palo afilado”. Vale aclarar que si éramos homínidos, quizás Daniel es quién más evolucionado estaba, porque su habilidad para tallar hizo que buscara un cuchillo que era más fino y estilizado que los del resto. Y Roque estaba ahí

Así llego la tarde, que como figurita repetida en los 6 días de campamento, transcurrió a orillas del lago sin hacer nada productivo. Salvo claro ciertas fotos artísticas de las cuales Kuro y gLUp se sienten muy orgullosas. Al rato abrimos por fin el Ferne y la coca para disfrutar aun más el momento (¡Si, a las 3 de la tarde! ¡¿¡¿¡¿¡¿¡¿Algún problema?!?!?!?!?!). Mati probo por primera vez (bah, si no era la primera, le pegaba en el palo) su perdición el resto de los días tandilenses, el “Fernando”. Y Roque estaba ahí.

Más tarde, o más temprano, no recuerdo bien, en otra posición geográfica (la carpa más grande para ser exactos), nos encontramos con el denominado “quemado” un ser extraño que buscaba a Dani, con quien había sociabilizado el día anterior el y sus hermanos, recibiendo trucos de bicicleta. La intención de Dani era claramente no tener más relación con este muchacho, y convengamos que el resto estábamos mas que de acuerdo. Peeeero fue difícil despegarlo. Ojo gracias a él tuvimos algún que otro tip útil de la ciudad y además descubrimos que la moda electrónica de Tandil era muy extraña y atrasada. Seguía siendo furor (y cuándo digo furor, lo digo con todas las letras y capas con alguna que otra G de más), ¡El Counter Strike! Si señores el Counter, ese juego con el cual enviciábamos de pequeños (se que no todos pero, yo me acuerdo de los cibers repletos ehh) allá seguía siendo motivos de disputas callejeras y pasiones de las cuales nuestro visitante era sobreviviente.

Sin embargo la tarde terminaría victoriosa (uhh no perdón me equivoque de relato…), no mas bien la tarde terminaría más alto. Nos propusimos pasar a hacer la primera travesía del viaje: subir el Parque Independencia. El primer cerro suponía algo interesante, cansancio, altura, escalar, locuras de las cuales hace rato quería sentir. Nada de eso, al rato de empezar ya habíamos llegado al “castillo”, casi la empezamos a bajar sin darnos cuenta si no parábamos. Ojo el lugar era lindo y mereció sus fotos a lo señor de los anillos (Una larga tradición de fotos y videos que hicieron muy “creativo” el viaje). La vuela también fue rápida y con la cena como pensamiento (el equipo de cocina no descansa siempre piensa en la siguiente comida). Y Roque estaba ahí.

Como el día viene largo, incluso en este monótono relato, pasemos a los momentos posteriores a la cena. Decidimos, dada la abultada agenda que teníamos por delante (planeada entre fernet y fernet de la tarde) y el poco cansancio que nos había dejado la subidita del cerro, ver con nuestros propios ojos la “noche tandilense”. Y así partimos casi todos para el centro (Dani seguía negado, y quizás con razón, a ver edificios en el viaje).Y Roque nos siguió. Paramos en un pub, o más bien barsucho, que parecía simpático. Después de ordenar y sorprender a todos de mi pedido de la clave del Wi Fi al mozo(un hombre como yo tiene que estar conectado todo el tiempo), llegaron las bebidas, un Fernet pedido por el nuevo cultor de la bebida cordobesa, Matías, un Cuba libre para mi y tres licuados para los no alcohólicos restantes(Kuro, Juli y Sol). Se preguntaran: ¿Qué se pidió gLUp entonces? Si les digo que nada, y les cuento en el estado en que terminó la noche la pobre señorita, no me creerían. Pero digamos que, aunque en el inicio no pagó nada, si le robo rápidamente más de un sorbo al señor Matías de su espumante bebida. Según palabras de ella misma, solo el primer trago le “pego”, no se si es cierto, lo cierto es que funcionó e hizo que gLUp se caracterizara por decir incoherencias y ridiculeces dignas de alguien que si bien no esta lo que llamaríamos “en pedo” es un muy buen ejemplo de alguien al que llamaríamos “alegre”.

Y volvimos al campamento, el día que fue mas largo se terminaba, cansados y abatidos esperábamos el resto de los días con incertidumbre si serian tan buenos como este. Y Roque estaba ahí.

3.2.10

¡La Posta!

Quien escribe: gLUp


Nah, nah, nah... la cosa no fue así, a estos chicos no se los puede mandar a hacer nada. Todo lo que cuentan es cierto pero se olvidan de algo FUNDAMENTAL:
El campamento empezó mucho antes...


...aunque parece que eso muy bien no se sabía. Todo comenzó un 22 de diciembre cuando luego de haber rendido el último examen de la facultad, Kuro me propuso hacer un viaje, algo tranquilo, un campamento filosófico donde pudiéramos meditar acerca de la contaminación ambiental y la metafisica de las palomas. Ella sugirió Tandil, un lugar lleno de paz y verde, perfecto para nuestros planes. Fue así como comenzamos a organizar la partida: nos juntamos en su casa a buscar en la internet, averiguamos campings, hicimos una lista titulada "vacaciones Pseudo-locas" que contenía las cosas que debíamos llevar y descubrimos que el pasaje en tren es dos veces más barato y por tanto, se agota dos veces mas rápido.
Con todo en marcha le contamos a una amiga llamada Solange de nuestra idea para estas vacaciones. Parece que en los escasos seis meses en que nos conococemos, a la muchacha le caímos lo suficientemente bien como para que quiera pasar una semana con nosotras, de esta forma nos preguntó si podía incluirse al campamento. ¿cómo negarse? si la chica es de lo más grossa, alguien que habla de Perón y Clarín como ella no merece una negativa. Siendo tres, nuevamente nos reunimos en lo de Kuro, ahora para verificar que la carpa tuviera todas las estacas y (aunque Sol no lo sabe), también para evaluar que ella fuera de fiar. ¿A que loco se le ocurre irse de vacaciones con completos extraños?...(bue...ya hablaremos de eso).
Esa tarde en Lugano Sol nos confesó que su novio Julian y el amigo Daniel, también querían viajar. Con Kuro nos miramos un instante y no hubo que decir mucho más, ellos ya estaban dentro.
¿Cómo llegaron a formar parte del campamento los últimos dos integrantes? uno de ellos tiene anécdota, el otro....es un misterio.
Roberto Françoise es un personaje extravagante y su inclusión en este campamento no pudo ser menos. Una noche de verano en un cumpleaños de una amiga de Kuro y mía ocurrió todo. Como no era de extrañar Roberto se había prendido a una fiesta llena de ajenos. Mientras caminabamos hacia el lugar Kuro, Sol y Robby iban juntos, delante iba yo con Dani el amigo de Juli. Qué iba a saber yo de que unos pasos más atrás se estaban comenzando a mover las fichas, claro que no iba prestando atención pues aquí adelante también se estaba gestando algo nuevo. Con astucia, Robb se chamuyó a las chicas, las hipnotizó con su retórica. Él sabía que la pieza difícil de mover iba a ser yo, así que consiguió cómplices y les manifestó su deseo de ir a Tandil alegando que no quería hablar del tema en una noche de fiesta y mamúa. No se volvió a hablar del tema. A la mañana siguiente entre resaca y cansancio Roberto Françoise fue incluido en el proyecto.
Finalmente queda Matías, que como ya mencioné más arriba se subió al campamento y al micro de las formas más inverosimiles capaces de imaginar y que por razones que exceden a mi conocimiento y habilidad para relatar prefiero mantener como una incógnita a fin de que puedan disfrutar de todas las historias que faltan por contar y que se verían opacadas con este relato.

En fin... con su amabilidad y mi atrevimiento los invito a que disfruten de este blog que augura muy poco pero puede llegar a sorprender a más de uno.

EL PRIMER DIA SEGÚN KUROSAWA

El primer día: todo comienza a la mañana con mucho calor y Liniers lleno de gente que se iba a otros lugares. Con mucha sed me fui a comprar una gaseosa de pomelo de marca “cormillot” a lo que Roberto me comenta: ¿No podías comprar algo más rico?
Me senté en la heladerita, tranquila, sabiendo que era mía y no me importaba mucho si se me rompía, los demás se sentaron en el piso o se quedaron parados esperando a que llegue nuestro micro. Una vez adentro, agradecidos por el aire acondicionado, empezaron nuestras caras de felicidad, y las caras de orto del resto de la gente por viajar con animales como nosotros.
Un comentario sobresaliente del cual nos reímos mucho con Glup fue cuando le dije:-¿Cuánta gente que va a Tandil no?, ella mira hacia un costado, observa que la mayoría de las personas eran de la tercera edad, a lo que me responde: “Si, vamos con el Pami boluda.” En eso yo también miro de reojo a nuestros acompañantes ancianos, y le digo: ¿No estaremos quemando etapas?, Glup me respondió a esta pregunta con una fuerte risa, a la que no pude dejar de acompañar con otra risa subida tres escalas arriba.
Bien, llegamos a Tandil, empezaron todos con el dilema de donde colocar la carpa, a mi me daba exactamente igual donde las íbamos a armar, por lo cual fue uno de los momentos en los cuales no me intereso aportar mucha opinión.
Luegamente almorzamos, yo me lleve sánguches, de los cuales le compartí a Dani que se quedo con hambre, así que le ofrecí a el, quedándome sin cena yo. Pero bueno, todo sea para conservar la amistad.
Luego de que todos se quedaron retozando por ahí, yo tenia energia como para veinte, por lo que me puse a jugar a la paleta con Roberto, hasta que en un paletazo la pelota se me cayó al lago y la perdimos. Más al pedo imposible, llevar las paletas para ya desde el primer día no poder jugar.
Luego de eso, me fui a investigar un poco el camping, camine unos pasos hasta toparme con el lago. Decidí sentarme ahí y quedarme mirando el lago, los patos, la basura, y un perro que me venia con una ramita para jugar, perro que en ese momento yo no sabia que iba a ser protagonista de nuestro campamento, que luego íbamos a llamar Roque.
Luego de media hora de pensar en pavadas, aparece Glup buscándome. Admiramos el paisaje de Tandil, descansamos, Eran aproximadamente las 4 de la tarde, calorcito, y esa vista me impulsaron a decirle sin pensar: Estaría para tomarse una cervecita ¿No?
Fuimos a la proveeduría y pague 9 mangos una Quilmes bien helada, que la disfrute a más no poder.
Finalizada la cerveza, fuimos en busca del resto de nuestros amigos, los cuales seguían pancheando en las carpas comiendo gomitas y flinp paf . Y bueno a partir de acá el día fue igual como cuenta Roberto.

Dia 1: El arribo, o la partida…o mas bien ambas. Por Roberto Françoise

El día empezó temprano, y en una ciudad diferente. Siempre digo que la estación de micros de un lugar es como una muestra para no extrañar el lugar de donde t vas. Creo que Liniers no solo no es la excepción si no mas bien el ejemplo máximo. Súmenle a esto que eran las 7 y 30 de la mañana, y se darán cuenta que mis ganas de entrar al micro y llegar lo más rápido posible, eran superiores a todo. Bueno no a todo, eran superiores mis ganas de cagar a tiros a gLUp por su genial propuesta ¡De llegar 1 hora antes! Así que ahí estaba yo, con un sueño poco cuantificable y solo en la calurosa y fea terminal diciendo: “Y encima soy el único pelotudo que llegó temprano”.
Ahí las vi a Kuro y a gLUp, las primeras en llegar, juuusto por el otro lado del que pensaba que iban a aparecer, y bueno corrí con mi mochila un tanto pesadita. Llegué, nos encontramos y pronto llegó el resto de la muchachada que viajaba en el día. Lo primero en verse fue la gorra loca de Dani que a partir de esta semana es difícil imaginármelo sin ella, después de eso, a Sol y Juli con,una cantidad, un poco sacada ,de cosas, que descubrí, que íbamos a llevar. Claramente pensábamos tomar Tandil a la fuerza o algo parecido porque llevábamos material para un ejército. Y ahí la espera fue dura, ojo no era ni larga ni taaan jodidamente calurosa, pero la impaciencia era grande. Cada dos por tres gLUp nos hacia callar para escuchar algún anuncio, que no era para nosotros.
¡Finalmente! La mueca de de gLUp digna de una azafata que muestra una puerta de emergencia en el techo del lugar nos indicaba que nuestra señal: ¡El micro estaba! El viaje fue muy loco, las 5 horas más rápidas de mi vida, sin peli ni morfi parecía destinado al fracaso para cualquier pasajero. Salvo nosotros. Digamos que empeoramos el viaje de todos los demás pobres viajantes con tal de que nosotros lo disfrutáramos. Nos zarpamos un poco de risas y gritos. La risa de Kuro era como la banda de sonido no autorizada del micro. Era permanente digamos, porque una simple muesca de Juli hacia apretar “play” a una sinfonia divertida para nosotros, tortuosa para el resto. Nuestros gritos y risas, solo eran cortados por las palabras de “ubíquense” de gLUp. A lo que llevaba a una de las frases características de toda las vacaciones “deja de respetar a los demás” usualmente acompañada por un golpe correctivo.
Y así llegamos, creí escuchar un sonido de alivio de todos los demás pasajeros cuando abandonamos el micro, y otro de terror de todo Tandil por llegar.
Después de eso hasta el campamento lo típico, remis como la hinchada de Chacarita, y a encontrarlo. Ya en el camping recibimos el primer insulto tandilense, (algo que ya verán que se repetirá y dejará la idea del “porteño bardero”, un poco lejana en comparación) a la pregunta de o gLUp o de Juli de “¿Acá es la administración?” Como una frase sencilla para iniciar la conversación, se le respondió con un gesto, del señor amanerado que dirigía todo, mostrando el cartel “Administración. Biblioteca. Recepción” pero como diciendo “¿Porteño pelotudo no sabes leer?”. Después del primer vapuleo, se tomo una buena decisión. Dado que el poder de decisión de la mujer promedio no es ni bueno ni malo, si no más bien hincha pelotas, es que la parte masculina del grupo se fue a decidir el lugar de las carpas.
No solo elegimos un gran lugar sino que la armada de carpas quizás fue un poco peleada (“que yo quiero más acá, no mejor acá, que allá, que blabla”) pero mostró que rápidamente podemos congeniar.
El lugar era ideal, una vez puesto el rock ¡Ya empezábamos a dominar Tandil! Bueno no…primero huevo, mucho huevo.
Almorzamos, la mayoría unos sánguches que se habían llevado y yo para el almuerzo un arroz, al que todos me miraban con cara de “mírenlo por ultima vez vivo”.No lo terminé, me intimidaron sus miradas y el revuelto estomacal de no haber dormido hace más de 24 horas.
A la tarde-noche si, fuimos al centro. Investigamos el camino. Una señora nos dio 6 indicaciones para algo que era: “sigan por esta derecho unas cuadras” por suerte lo entendimos y lo hicimos. Llegamos a la plaza ¡RE original! ¡La iglesia, la municipalidad y un barcito en la esquina! Ahh creí nunca ver algo así. A los pocos metros nos dimos cuenta de algo, medio bueno, medio malo. Un Carrefour, la c escondida nos marcaba dos cosas 1: Teníamos provisión de bebidas alcohólicas baratas, 2: habíamos traído comida para abastecer a todo Tandil al pedo. Por suerte la 1 era muuucho más importante que la otra y compramos ahí la botella que marco gran parte de nuestra estadía: un Branca grande, y obvio su Coca pertinente.
Así es como volvimos al pedido de Dani, que se había quedado, y ya el aburrimiento y la oscuridad le jugaban muy en contra a su decisión, por eso esperaba ansioso nuestro regreso. Llegamos y cenamos, yo insistí con mi resto de arroz pero el cagaso me hizo volcarme a mis empanadas que había reservado para esa hora, las devore, el arroz lo tiré.
Y bueno ahí a la “cama” o más bien a la bolsa de dormir. Sabía que mucho no iba a dormir porque encima a la madrugada parte de los chicos iban a recibir a Matías, el último miembro de nuestra travesía.
La noche empezaba, el primer y largo día terminaba, yo no tenia nada de idea de todas las cosas que quedaban por pasar.